sábado, 17 de enero de 2015

Escarcha.

Cuando las guerras comienzan
en interiores viscerales
dejamos de ser nosotros,
nos volvemos animales,
presas de nuestro peor enemigo,
de saber que somos débiles
ante vínculos perdidos,
de saber que echar de menos
será nuestro peor castigo.

No podemos controlar
qué brota en nuestras entrañas.
Sólo podemos intentar
que no se desgarre el alma
de los que intentan disfrutar
de una vida atormentada
en la que sólo podemos llorar
cuando no nos acompañas.

El tiempo fue traicionero,
robó lo que más quería
y ahora que no te tengo
debo luchar cada día
por fingir que soy de hierro,
por escudarme en la alegría
que tienen los que no están muertos,
aunque sigo muerto en vida.

¿Si yo no he he hecho nada
por qué quiero huir?
Fuiste tú quien prendió
las brasas de un triste infierno.
Ahora quiero perderme
y dejar de sufrir,
pero no soy feliz.
¿Y yo qué culpa tengo?

Solo quise escapar
escondido en la rutina,
nunca te quise dar
lo que no me ofrecías.
Sin embargo me marcho
cada vez que nos vemos
y no dejas de doler.
Algo mal estaré haciendo...

Por eso ahora me rindo,
no quiero pensar, ni seguir padeciendo
un dolor que brota escondido
en las tristes cuevas del recuerdo.
Recuerdo los buenos días,
recuerdo las noches sin sueño
con una felicidad compartida,
con vínculos que creímos de acero
y fueron frágiles como arcilla
que estrellaste fuerte contra el suelo.

Ahora solo puedo
fingir que no pasa nada.
Si yo mismo me lo creo
tal vez se crea mi alma
que somos fuertes, que podemos
luchar de nuevo cada mañana
por la felicidad que perdimos,
aquella que robaste sin nada
que pudiera haber impedido
caer en un abismo de escarcha
donde no sólo en invierno hace frío,
donde se congelan cuerpo y alma
hasta por fin haber comprendido
que no regresarás mañana,
que ese será mi castigo,
que en mí brotará otra llama.

«Siempre serás un motivo para creer en los deshielos».

Flautista

jueves, 18 de diciembre de 2014

Pasos

Reconozco ser el dueño
de un orgullo que traiciona,
que me hace perder el sueño
y a mi suerte me abandona.

Como en las jugueterías
fuiste tu mi escaparate
para mostrarte en mi mundo
sin que yo pueda alcanzarte.

Pronto quise encapricharme
de ese gran mundo de oro
en el que tú a mi me engañaste.
Llegué a creer que no estoy solo.

Y yo ya no sé pensarte,
hoy doy todo por perdido.
¿Tú decidiste marcharte
o soy yo el que se ha rendido
sin empezar el combate?

No veo culpa ni culpables,
los verdugos mueren solos.
Solo veo a un triste cobarde
al que tomaste por loco
cuando todo quiso darte.

Pero ahora nada pierdo,
pues mi cuerpo está vacío.
Fuiste mi mejor intento
para volver a estar vivo
aunque ahora ya estoy muerto:
por tu culpa no respiro.

Y no sé si has encontrado
en mi orgullo el sufrimiento
de quien por ti hubo llorado
sin que le escuchara el viento
cuando le diste de lado.

Y ahora, si te soy sincero,
no sé si esto es un regalo.
He aprendido a valorarme,
he aprendido a sentir algo,
a verme como un cobarde
que de ti se ha escapado.
Pues es mejor ser un cobarde
que por pumas ser cazado
si me hacen sentir culpable
por darte lo que te he dado.

Y ahora, yo solo te pido
que tus pies no den la vuelta.
Por ti yo me vi perdido
pero vi una nueva puerta
para sentirme querido,
para girar otra tuerca.
Tú ya me has sustituido,
yo aún no encontré las fuerzas
mas seguiré mi camino
hacia nuevas primaveras
con un Mayo renacido
que por fin valga la pena.

«Siempre serás un motivo para ver que mis pasos son importantes aunque tú no los empujes.
Gracias por enseñarme a no esperarte.»

#Flautista

lunes, 1 de diciembre de 2014

A ciegas...

Caminando sobre aguas viscerales
quiso detener la tormenta.
Iluso, no se había dado cuenta
de que el huracán nacía dentro de sus entrañas.

Siempre fuiste magia, siempre te vio como poesía,
las lágrimas de sangre de quien pudo
contener amor e ira
ante imposibles impronunciables,
ante deseos quebrantados,
pues no existe deseo más oculto
que sentirse aceptado
en un mundo que muere quemado
porque el amor florece mudo.

Fuiste lluvia del desierto,
oasis en tierra de brumas,
niebla que roba cordura
a quien creció loco y murió cuerdo,
a quien abandonó todos los cuentos
antes de ver en tinta su tortura
como quien escribe y en sus dedos
saborea la amargura.

Pero hoy ya no perdura
lo que llamamos primavera,
ya no existe llama alguna
que reviva la tundra austera
de quien ahora solo camina,
de quien ahora solo contempla
al mundo que consumimos
como cera de una vela.

Por eso, ya no nos sirve
mezclar vida con existencia,
sentirnos vivos en la muerte,
vivir muertos es la condena
de quienes pudieron ser reyes
en suaves castillos de arena
que derrumbamos por orgullo
vencidos por la soberbia.
Nacimos para pecar,
ya nos lo dijo el poeta,
pero de todos los errores
fuiste el que valió la pena,
aunque no lo supe ver,
aunque ahora camine a ciegas...

Siempre serás un motivo para caminar a oscuras.


Flautista.

martes, 25 de noviembre de 2014

Fin de la partida

En este mundo de normas
todos parecen comprender el juego
aunque luego pierdan las formas.

A la mierda,
no hay quien lo entienda,
ni nadie que se sorprenda
con un alma descontenta
ante la enorme reprimenda
de sociedades fraudulentas
con mentiras que alimentan
emociones incompletas.

Ya no importa,
nadie vigila,
vivimos en un mundo de almas dormidas,
vivimos en un mundo de almas voladas por minas,
por emociones que no admitimos,
por sentimientos que destruimos,
minados en arterias vacías
por corazones que bombean solos,
y solo por quemar calorías.

Y todo parece normal,
el mundo se ha vuelto loco
y a nadie le suele extrañar
que queramos abrir los cerrojos.
Que paren el mundo, me quiero bajar
si es motivo de sonrojo
para esta sociedad
mostrar cariño antes que enojo.

Ser feliz ahora cuesta
más que la cuesta de Enero.
Ya no existen caballeros,
sólo existen viceversas,
que pueden parar el mundo
por que no pare la cerveza.

Existencia banal, fugacidad eterna
en el devenir de un mundo en el que mueren las ideas.
Pobre Hamlet, si nos viera,
ante el dilema de existir querría ser solo calavera.

Por eso me rindo, doy mi alma por perdida
y en el juego del mundo quiero parar la partida,
pues no tiene sentido querer comprender la vida
cuando villanos son felices sin tristeza en sus días,
cuando hacer daño a los demás sienta de maravilla
pero la felicidad de otro parece una pesadilla
antes de navidad, en invierno o en verano,
para un cuerpo cadáver que ofreció todo en vano
a un mundo de cocodrilos que, sin reloj, no avisaron
de que incluso a los piratas pueden arrancarle la mano
si para cumplir sus intereses han de ser como un tornado.

Ahora no quiero pensar.
Quiero apagar mi cerebro,
maldición neuronal
la de un contenido interno
que no se puede arrancar
ni mandar al cruel averno
que permita olvidar,
ser oveja en este cuento,
ser parte del panal,
disimular en el convento
donde en vez de rezar
intento razonar y siento
que me voy a marchitar
en sinrazones que no entiendo.




Fin de la partida. Apaga y vuelve a pagar para reiniciar el juego, que nada en este mundo se puede conseguir gratis.


Flautista.

martes, 18 de noviembre de 2014

Sombra

Cuando quise darme cuenta, mi vida llegó a ese punto en el que no sabes qué duele más, si los recuerdos o las ausencias.

Como bestias irracionales, solemos echar de menos todo lo que nos autodestruye, lo que ejerce sobre nosotros un poder de adicción más fuerte que la mayor de las drogas y nos inmola en un bucle de primitivismo emocional, de deseos viscerales que nos arrancan las entrañas para ahorcarnos con ellas, para recordarnos que nuestro espíritu inmortal vive encerrado bajo una jaula de limitaciones.

Sin embargo, lo más divertido es descubrir que nuestra sed de felicidad es insaciable, que no importa todo lo que tengamos, pues siempre desearemos algo inalcanzable y, si este deseo se nos pone entre las manos, dejará de ser atractivo ante nuestros ojos y será otro deseo el que despierte nuestros intereses.

Porque los deseos son como las armas: si no pueden destruirnos es porque están rotos.

Pero nunca aprenderemos. Siempre cometeremos los mismos errores, como si fuéramos parte de un repetitivo espectáculo de marionetas en el que nuestros hilos nos enredan en acciones circulares, acciones de almas a las que echamos el cerrojo, de cuerpos a los que intentamos hacer inertes para vivir en un mundo en el que el color y la vida no son aceptados en la tierra de los hombres grises.

Y, casi sin quererlo, descubrí que estoy en lo cierto, que vivimos una mentira llena de antojos, que no hay anteojos en el mundo para poder ver con nitidez nuestro futuro, que sólo podemos actuar en base a un pasado efímero y fugaz, pues no existe nada que muera más rápido que los segundos, pero cada segundo cuenta y no nos damos cuenta de que no podemos huir del pasado, aunque lo sigamos intentando por culpa de nuestro deseo de escondernos de nosotros mismos.

Fue en ese momento cuando quise hacerme una sombra, cuando quise deslizarme invisible y escapar, buscar un mundo sin errores, sin espacio ni tiempo para juicios, un mundo sin valores en el que los cobardes que escapan sean vistos como los valientes que buscan nuevos caminos.

Porque de tanto buscar la misma luz todos nos estamos volviendo ciegos.




Siempre habrá un motivo para querer ser una sombra, para entregarnos a lo desconocido cuando nadie nos mire.



Flautista.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Desterrado

Cuando despertó todavía era de noche. No supo cuánto tiempo había dormido, pero no le importaba. Por muy desgarrador que resultase, ahora tenía todo el tiempo del mundo, y no existía sueño alguno que fuera capaz de evadirle de una realidad tan cruda.

Como era de esperar, la cama estaba vacía, y el contacto de sus pies con las frías tablas de madera del suelo le recordó que llevaba mucho tiempo sin saber qué era el calor. Aún así, decidió levantarse, pues no servía de nada pararse a echar de menos algo que nunca había tenido.

Con pasos sigilosos fue a la cocina. Tal vez allí encontrase el vino que le había hecho olvidar cómo había llegado a la cama, cómo había logrado dormir en soledad, y cómo lograba aceptar un mundo en el que parecía que nadie se preocupase por sus inquietudes o sentimientos, en el que sentía su libertad coartada como un pájaro enjaulado, en el que la lluvia le asfixiaba y el tiempo y el espacio sólo eran dos bufones que bailaban para recordarle la brutalidad de la vida.

Entonces fue cuando comprendió que ya no estaba en casa.

En la cocina no había vino. De hecho, no había ninguna cocina. Tardó un tiempo en asimilarlo, pero logró comprender que lo que antes era su casa ahora se había convertido en un vacío, pues no existe un hogar sin una felicidad que nazca de dentro, y aquel lugar carente de sensaciones felices le recordó más a las puertas del infierno que a un refugio en la tierra.

Pero él sabía que el infierno no era tan malo. Ya lo había visitado muchas veces, pues la vida le había dado palos como para encender más de mil hogueras, y sabía que no había llama que cien años dure, ni mal que su cuerpo no soporte. Había nacido para luchar, y esta vez la batalla era contra sí mismo, contra ese yo interno que le pedía rendirse, dejar de enfrentarse al mundo que le rodeaba y dormir en un sueño eterno en el que por una vez ganase la partida.

Pero no, él no era así. Sabía que todas las luchas tenían un sentido, y que una vida luchando no era para rendirse ante uno mismo. Había que seguir, enfrentar a un nuevo día y buscar siempre una manera nueva de avanzar, pues el mundo es demasiado pequeño como para no alcanzar lo que nos merecemos.

Fue en ese momento cuando salió el Sol, y anunció con su luz que pronto abandonaría su destierro.


Flautista.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Finale primo

Intento olvidar
la historia que de golpe rompimos
sin disimular,
llenando el cielo de enormes vacíos,
y no puedo volar,
escapar de lo que nunca llegó a haber sido
el más triste final,
el último acto, el verso perdido.

Pero no puede ser
que me tires la piedra y me hagas creer
que comencé la guerra
que quiero perder.
Que me trague la tierra,
no quiero saber
por qué me atormentas
haciendo creer
que en mí nace la tragedia.

No pedí dramas, ni llevé flores,
no quise ser cuento de cien trovadores,
sólo buscaba un camino para seguir adelante,
huir de mi castigo, sentirme indomable,
pero ya me he rendido,
no puedo buscar perlas en un cielo
de nubes de días grises, donde mis pies, en el suelo,
dejan cicatrices bajo barro y desconsuelo.

Ya de nada sirve la parafernalia,
cambia el CD, pasa de página,
pues nunca podrás ver el óleo que se derrama
en las tardes de tormenta donde el cielo no nos baña,
donde el café desafina, donde la tele es amarga,
pues no existe momento para mañanas vacías,
para resacas de sueños, para curar las heridas
de un puñado de sueños que convertiste en pesadillas.

Pero yo no te culpo, no se trata de eso,
no hay que amar sin cicatrices, es mejor romper el hueso,
hacer que el alma se astille,
pues si no eres capaz de entregar ahora todo,
es mejor que me olvides, que me marche yo solo
a donde mejor se me cuide,
a donde exijan el oro
de un corazón que sólo pide
latir si por él está latiendo otro.

Por eso me macho con silenciosas despedidas,
con pasillos oscuros, con camas vacías,
para que puedas buscar mañana nuevos tesoros,
pero a mí no me busques, que mi cofre está roto.

«Se baja el telón, y te toca mover ficha».



Flautista.

sábado, 18 de octubre de 2014

Caducados

Nos quitaron el precinto,
nos desnaturalizaron,
no saltamos al vacío,
y vivimos caducados.

Crecimos artificiales,
con futuro grande e incierto
y olvidamos los finales
que asesinan a este cuento.

Finales sin comer perdices,
cuentos de hoy, vegetarianos,
en los que ya no hay matices:
se nos fueron de las manos.

Por eso ahora yo maldigo
a los días de sol dorado,
a los bares y conciertos,
a las visitas al teatro,
pues no hay mayor pantomima
que la historia de un encuentro
en un mundo que no gira,
en el que sin ti me pierdo.

Pero ahora nuestros caminos
vuelan lejos, separados.
Vives sin mí todo aquello
que por ti hube imaginado.
Sin embargo, no te culpo,
sé que yo no soy perfecto,
que si puedo me escabullo,
sé que no camino recto.

Por eso, ahora me despido
deseándote días felices
aunque ya no estés conmigo.
Esta historia se repite.

«Siempre serás un motivo para decir adiós sin hacer ruido.»

Flautista

miércoles, 15 de octubre de 2014

Juegos...

Es por los cambios que vienen de lejos,
es por los miedos que no sé enfrentar,
es por las veces que lloré en silencio,
es por los días que quise gritar.

Fui varias noches buscando respuesta
a mil rincones que no sé encontrar,
soñé mil veces con parar el tiempo,
y ahora, solo, no sé despertar.

Y ahora, al ver que ya da igual
echar de más lo que he echado de menos,
de hierro aparento ser
mas soy de cristal.

Y ahora toca perder en silencio
un juego que no entiendo,
romperé los cristales que siempre
duele atravesar,
robaré aquel reloj construido
con Arenas del Tiempo
para ir a buscarte de nuevo
y saber que no estás.

Y ahora toca perder en silencio
un juego que no entiendo,
me ataré a la idea de que esto
no va a funcionar,
cambiaré mil pasados
por un futuro incierto,
saltaré al más grande vacío
si estás al final.

Y ahora sé que tú nunca serás
muy consciente de esto,
del secreto que todos conmigo
tendrán que enterrar,
de las veces que quise caer
rendido contra tu cuerpo,
de las veces que el miedo a mí mismo
me hizo escapar.

«Siempre serás un motivo para querer jugar otra partida».


Flautista.

jueves, 9 de octubre de 2014

Como no me lees...

Como no me lees he decidido escribirte,
pero hoy no fluyen las palabras
desde un corazón que se acobarda
por no cuidar lo que le diste.

Como no me lees he decidido confesarte
que soy un cúmulo de errores,
que por mí murieron los mejores
momentos que me regalaste.

Como no me lees he decidido decirte
que no sé cómo dar la vuelta,
ya no sé tenerte cerca,
duele creer que puedo herirte.

Como no me lees he decidido admitirte
que siento darte por perdido,
se difuminó el camino
que me permite encontrarte.

Como no me lees he decidido pedirte
que me salves de la sombra,
que me cures la deshonra
de no estar y traicionarte.

«Como no me lees he decidido escribirte, y lo hago para disculparme, para lamentar haberte perdido, para decir que estoy arrepentido, para echarte de menos sin saber acercarme.»

Siempre serás un motivo para escribir sin que me leas.


Flautista.

jueves, 2 de octubre de 2014

La puerta

Al despertar estabais a una puerta de distancia.
Solo había que salir de la cama y cruzar la puerta.

No era tan difícil.

Sin embargo, aprovechando tu indecisión, se coló en la habitación
el Miedo.
Ese Miedo que aparece cuando no te atreves a hacer lo que deseas,
un Miedo imponente,
como un padre que sabe que has suspendido todas,
un Miedo que oprime el pecho,
un Miedo que oscurece las ideas
y te hace creer que
si das ese paso que tanto te asusta
te enfrentarás a consecuencias que no podrás asumir.

Pero tú quisiste ser fuerte,
te habían enseñado a serlo.
Querías demostrar al miedo que no podría imponer sus ideales,
que contigo se había equivocado de persona.
¿O no era eso lo que querías?
No podrías afirmarlo con seguridad, porque en ese momento entró alguien:
la Duda.
Duda siempre aparecía como la peor de las visitas,
inesperada,
inoportuna,
y queriendo ser el centro de atención.
Duda era ese cuñado cargante que quiere demostrar que siempre tiene razón,
aunque normalmente no sabe de qué habla.
Pero Duda se instaló con fuerza,
haciéndote ver que tal vez no fuera buena idea enfrentarse al Miedo,
que más vale malo conocido que bueno por conocer,
que aquel que se la juega siempre se expone a perder.
Además, ¿en serio quieres salir a buscar algo que no puedes ver?

Pero tú no tenías nada claro. Tenías tus dudas.

Fue en ese momento cuando te rendiste.

Casi sin darte cuenta empezaste a pensar,
a considerar que no puedes dominar lo que no comprendes,
a creer que nuestro deber es temer,
temer todo lo que escapa de nuestro entendimiento.

Por eso decidiste abandonar.
La puerta ahora era un muro inquebrantable,
un muro que no te dejó ver que merece la pena atravesar la oscuridad para ver la luz,
un muro que no te dejó ver que todo gira en torno al Sol,
un Sol que parecía abrasador en la habitación en la que estabas.

En ese momento apareció un último visitante:
la Cobardía.

Cobardía salió de debajo de la cama,
limpiando el puñal con el que mató a tu alma,
con el que la asesinó sin ser vista.
Siempre fue muy buena jugando al escondite,
y, una vez más, había ganado la partida.

Y todo por no querer abrir la puerta...




Flautista.

Ícaro

Cuanto más cerca del Sol logro volar, mayor es el impacto de mi caída. Puede que sea mi osadía la que tenga que lamentar mientras me ha...