Llegará un día en el que nada importe, un día en el que la vida te perdone tus pecados, en el que perder batallas te haga ganar la guerra y descubras que el futuro deja de ser gris si lo usas para pintar el lienzo de tus ilusiones.
Llegará un momento en el que podrás ser lo que quieras, en el que no habrá excusas, un único instante en el que, si estás alerta, el mundo te elevará con fuerza para depositarte suavemente sobre un lecho de objetivos cumplidos, demostrándote que ya no pasarás sólo la primavera, que marchitarán de amor todos los otoños en soledad en el sofá.
Llegará el momento de recompensar a los valientes, a los soñadores, pues el mundo siempre serán para los que lo imaginen, y ha pasado mucho tiempo desde que nos ilusionamos soñando por primera vez un futuro compartido, una vida atemporal en la que cambio un pasado sin ti por un presente contigo, un futuro con el que cerremos la puerta al invierno, con el que echemos el cerrojo y nada se escape, pues el mundo será para nosotros, encontrándonos en el día a día, perdiéndonos en noches en las que no necesitamos que nos busquen.
Llegará un momento en el que hagamos fuegos artificiales cuando mis dedos caminen por tu espalda, en el que provoquemos el deshielo con mirarnos, en el que estalle una supernova si te acercas y despeguemos a un lugar donde nos estorbe el espacio, donde seamos magnéticos, eternos, donde caigamos al vacío mientras intentamos querernos despacio.
Llegará un día en el que vendrás para quedarte, y ese día será cuando empiece a descubrir que estoy vivo.
Siempre serás un motivo para esperar días mejores.
Flautista.
martes, 1 de octubre de 2013
sábado, 28 de septiembre de 2013
Arlequín del Silencio...
Hay veces en las que un silencio oculta el más fuerte de los sentimientos.
Como si bailásemos en el Carnaval de las Emociones, mi alma turbada se disfraza de corazón frío, de espíritu inerte que no vive por complacerte, de cuerpo vacío que no muere mientras tus besos me apuñalan para volar a otro destino.
Ya me puedes matar. Si no estás conmigo no sangro.
Nada sentiré si toco el fuego de una vela, pues vivo muerto desde que te convertiste en todo lo que sentía, desde que comprendí que no iluminarías mi mundo despertando a mi lado cada mañana. Aún así, mi mente mantiene la lucha entre mi razón y mis pasiones, entre tu cuerpo y mi cordura, entre tus poros y mi sueños, sueños de besos perdidos que no saben seguir adelante, pues no aceptan ningún camino que no te convierta en la meta de sus pasos.
Pero caminar es difícil si te acompaña el miedo, un miedo que me esconde bajo el antifaz de una amistad prohibida, pues no existe forma de aceptar que no se mezclen nuestros cuerpos, que no pueda cantarte entre mis sábanas, que no desafines mis recuerdos, haciendo que confunda el cielo con las caricias en tu espalda.
Por eso acepto ver cómo mi vida se desperdicia, pues no soy protagonista en el cuento de tu existencia. No seré quien te lleve flores, aunque quiera regalarte la primavera; ni cortaré tu respiración, aunque por ti me falta el aire.
Por tanto, concluyo esta carta deseándote la felicidad que yo no podré ofrecerte, suplicando al cielo que te ayude a alcanzar tus metas, a volar alto, a tocar el sol y a hacer que éste sienta celos del brillo que desprendes, pues no existe mayor luz para todos los que alguna vez pudimos conocerte. Yo estaré aquí, escondido en el suelo, mirando al cielo en silencio, esperando a que un día quieras ser mi estrella, a que des rienda suelta a un cuento en el que los dos seamos felices.
Quererte siempre será el mayor de mis deseos.
Flautista.
Como si bailásemos en el Carnaval de las Emociones, mi alma turbada se disfraza de corazón frío, de espíritu inerte que no vive por complacerte, de cuerpo vacío que no muere mientras tus besos me apuñalan para volar a otro destino.
Ya me puedes matar. Si no estás conmigo no sangro.
Nada sentiré si toco el fuego de una vela, pues vivo muerto desde que te convertiste en todo lo que sentía, desde que comprendí que no iluminarías mi mundo despertando a mi lado cada mañana. Aún así, mi mente mantiene la lucha entre mi razón y mis pasiones, entre tu cuerpo y mi cordura, entre tus poros y mi sueños, sueños de besos perdidos que no saben seguir adelante, pues no aceptan ningún camino que no te convierta en la meta de sus pasos.
Pero caminar es difícil si te acompaña el miedo, un miedo que me esconde bajo el antifaz de una amistad prohibida, pues no existe forma de aceptar que no se mezclen nuestros cuerpos, que no pueda cantarte entre mis sábanas, que no desafines mis recuerdos, haciendo que confunda el cielo con las caricias en tu espalda.
Por eso acepto ver cómo mi vida se desperdicia, pues no soy protagonista en el cuento de tu existencia. No seré quien te lleve flores, aunque quiera regalarte la primavera; ni cortaré tu respiración, aunque por ti me falta el aire.
Por tanto, concluyo esta carta deseándote la felicidad que yo no podré ofrecerte, suplicando al cielo que te ayude a alcanzar tus metas, a volar alto, a tocar el sol y a hacer que éste sienta celos del brillo que desprendes, pues no existe mayor luz para todos los que alguna vez pudimos conocerte. Yo estaré aquí, escondido en el suelo, mirando al cielo en silencio, esperando a que un día quieras ser mi estrella, a que des rienda suelta a un cuento en el que los dos seamos felices.
Quererte siempre será el mayor de mis deseos.
Flautista.
martes, 17 de septiembre de 2013
Dejó de llover
Dejó de llover, pero el tiempo siguió empapando de recuerdos un alma vacía, un alma a la que dejó de importar que los días galopasen sigilosos, pues pasó mucho tiempo sin que nadie llenase sus días, sin que nadie acompañase sus noches.
Dejó de llover, las luces se apagaron, pero los poetas intentaron ser fuertes, hacer que brillasen versos que hablaban de nuestra historia, versos que encendiesen de envidia a las estrellas del cielo, versos que elevasen el espíritu de los hombres y que pongan en la tierra los pies de los dioses.
Dejó de llover, pero los latidos se derramaron. Ya no servía vivir, pues tu ausencia mermó la vida en existencia, en un camino pedregoso donde se atragantan las emociones, donde echarte de menos contamina el aire, donde los cuerpos se convierten en cárceles que impiden al alma volar a tu lado, buscarte en la noche del tiempo y amanecer en un futuro contigo.
Dejó de llover, y el mundo perdió su rumbo. La comedia del absurdo se tiñó de drama en nuestras vidas, y el Arlequín del otoño se burló de cada centímetro que nos separa, de cada vez que muero recordando tu ausencia, de cada noche que me desvivo suplicando que no me olvides.
Dejó de llover, los sueños se deshidrataron. El mundo se volvió gris, y yo, como un loco testarudo, descubrí que no iba a rendirme, que la vida me trajo al mundo para llenarte el cielo de colores, para deshacernos en cada nota y regalarte un mundo en el que seas feliz por siempre.
Por eso dejó de llover, porque ya pasó la tormenta, pero el Sol salió de nuevo para permitirme buscarte cada mañana.
Siempre fuiste un motivo para desafiar a la lluvia.
Te querré en tempestades y calma.
Flautista.
Dejó de llover, las luces se apagaron, pero los poetas intentaron ser fuertes, hacer que brillasen versos que hablaban de nuestra historia, versos que encendiesen de envidia a las estrellas del cielo, versos que elevasen el espíritu de los hombres y que pongan en la tierra los pies de los dioses.
Dejó de llover, pero los latidos se derramaron. Ya no servía vivir, pues tu ausencia mermó la vida en existencia, en un camino pedregoso donde se atragantan las emociones, donde echarte de menos contamina el aire, donde los cuerpos se convierten en cárceles que impiden al alma volar a tu lado, buscarte en la noche del tiempo y amanecer en un futuro contigo.
Dejó de llover, y el mundo perdió su rumbo. La comedia del absurdo se tiñó de drama en nuestras vidas, y el Arlequín del otoño se burló de cada centímetro que nos separa, de cada vez que muero recordando tu ausencia, de cada noche que me desvivo suplicando que no me olvides.
Dejó de llover, los sueños se deshidrataron. El mundo se volvió gris, y yo, como un loco testarudo, descubrí que no iba a rendirme, que la vida me trajo al mundo para llenarte el cielo de colores, para deshacernos en cada nota y regalarte un mundo en el que seas feliz por siempre.
Por eso dejó de llover, porque ya pasó la tormenta, pero el Sol salió de nuevo para permitirme buscarte cada mañana.
Siempre fuiste un motivo para desafiar a la lluvia.
Te querré en tempestades y calma.
Flautista.
jueves, 5 de septiembre de 2013
Carta eterna
Si algo me caracteriza es no saber valorar las cosas buenas que me regala la vida. Sin embargo, he logrado ver que eres uno de los mayores tesoros que ésta pudo ofrecerme.
Sin darte cuenta me hiciste mejor persona, sacaste lo mejor de mí y no pediste nada a cambio, aunque yo no supe valorarlo. No supe ver que un ángel me acompañaba, que tu presencia me hizo más fuerte, que en mi camino seguí avanzando porque fuiste causa y destino de mis pasos, que logré volar porque te convertiste en las alas que me guiaron y hoy, sabiendo que los barcos de nuestras vidas toman rumbos distintos, quiero escribirte esta carta para darte las gracias por iluminarme el mundo, por ser chispa de vida en el más lóbrego de los inviernos.
También quiero pedirte perdón por mis errores, por todo lo que no compartí contigo, por el orgullo que me separó de tu lado y por el miedo que me impidió buscarte cuando más te necesitaba, pues este tímido alumno que hoy te escribe nunca supo estar a la altura de quien le enseñó todo en el arte de la vida.
Hoy nuestros mundos se separan, pero el mar del tiempo sabe que volveremos a encontrarnos, que nunca estarás lejos, que vivirás siempre en mi mente, que eres vital en mi presente, mi futuro y mi pasado.
Por favor, no me olvides nunca. Te prometo que yo nunca podré hacerlo, pues por ti siempre intentaré ser mejor persona.
Ich liebe dich.
Flautista.
domingo, 1 de septiembre de 2013
Tempus fugit
A veces no nos damos cuenta de la facilidad con la que el tiempo se nos escurre entre los dedos.
No somos capaces de aceptarlo, pero los segundos siempre avanzan impasibles, constantes e imperceptiblemente veloces. No miran a nadie ni se preocupan de que los disfrutemos. Sin embargo, cuando nos damos cuenta, no están, se han perdido.
Es en ese momento cuando nos arrepentimos de lo vivido, cuando lamentamos no haber hecho aquello que siempre soñamos, cuando nos damos cuenta de que hemos enterrado vacío el cofre de los recuerdos. Mientras nos acostumbrábamos a la idea de que siempre tendremos un mañana, el calendario decidió dejar de regalarnos hojas, convirtiendo sueños en lágrimas y provocando la muerte de ilusiones que no siempre llegaron a nacer.
Por tanto, he decidido que debo vivir más intensamente. Me he dado cuenta de que para luchar por un sueño no basta con las palabras, sino que hacen falta acciones. Además, he logrado ver que los sentimientos nunca deben darse por hecho, sino que hay que demostrar a las personas cuánto las queremos. Palabras como "Te quiero" o "Gracias" se dicen muy fácilmente y, aunque soy el primero que critica cuánto se han devaluado en una sociedad que suele estar gobernada por las apariencias, también soy el primero que valora los sentimientos que generan cuando se dicen con la sinceridad más absoluta.
De este modo, se puede mejorar gracias al pasado, pues los errores duelen al cometerlos pero cicatrizan cuando logramos aprender de ellos. Por tanto, ha llegado el momento de cambiar las cosas, de esforzarnos por seguir creciendo y convertirnos en mejor personas. Al menos, debemos intentarlo para equilibrar ese sentimiento de culpa originado al ver todo lo que quisimos y nunca llegamos a hacer.
Luchemos por ser mejores. Todavía tenemos tiempo.
Flautista.
No somos capaces de aceptarlo, pero los segundos siempre avanzan impasibles, constantes e imperceptiblemente veloces. No miran a nadie ni se preocupan de que los disfrutemos. Sin embargo, cuando nos damos cuenta, no están, se han perdido.
Es en ese momento cuando nos arrepentimos de lo vivido, cuando lamentamos no haber hecho aquello que siempre soñamos, cuando nos damos cuenta de que hemos enterrado vacío el cofre de los recuerdos. Mientras nos acostumbrábamos a la idea de que siempre tendremos un mañana, el calendario decidió dejar de regalarnos hojas, convirtiendo sueños en lágrimas y provocando la muerte de ilusiones que no siempre llegaron a nacer.
Por tanto, he decidido que debo vivir más intensamente. Me he dado cuenta de que para luchar por un sueño no basta con las palabras, sino que hacen falta acciones. Además, he logrado ver que los sentimientos nunca deben darse por hecho, sino que hay que demostrar a las personas cuánto las queremos. Palabras como "Te quiero" o "Gracias" se dicen muy fácilmente y, aunque soy el primero que critica cuánto se han devaluado en una sociedad que suele estar gobernada por las apariencias, también soy el primero que valora los sentimientos que generan cuando se dicen con la sinceridad más absoluta.
De este modo, se puede mejorar gracias al pasado, pues los errores duelen al cometerlos pero cicatrizan cuando logramos aprender de ellos. Por tanto, ha llegado el momento de cambiar las cosas, de esforzarnos por seguir creciendo y convertirnos en mejor personas. Al menos, debemos intentarlo para equilibrar ese sentimiento de culpa originado al ver todo lo que quisimos y nunca llegamos a hacer.
Luchemos por ser mejores. Todavía tenemos tiempo.
Flautista.
viernes, 23 de agosto de 2013
El canto de la marioneta.
Ha pasado mucho tiempo desde que descubrí que mi vida no me pertenece, que la batalla está perdida, que mi corazón se entregó a ti mucho antes de comenzar esta guerra contra mis propios sentimientos.
Desde hace varias noches el viento me grita que mi alma es tuya, que por ti nacen las canciones, que a ti vuelan mis versos y que en ti se encuentra el perfume de los sentimientos que nunca alcanzaron mi cuerpo vacío, un cuerpo inerte que ama sin ser correspondido.
Así, como una marioneta de mis pasiones, me doy cuenta de que mi mundo conspira para regalarte su luz cada mañana, para que el viento acaricie tu rostro mientras yo muero de celos al saber que no seré quien seque tus lágrimas, que no descubriré a qué sabe una vida contigo.
Por ese motivo mi alma llora desgarrada, porque cada lágrima que derrama nace de un beso que no te di mientras mis latidos cuentan las noches que no pude regalarte, los días que estoy condenado a vivir sin tenerte. Y yo, escondido bajo la armadura de mi sonrisa, me rompo por dentro en un mundo que deja de tener sentido si no lo disfruto contigo, un mundo en el que las canciones se convierten en ruido si tú no las escuchas, en el que muero perdido al no poder encontrarme en los rincones de tu cuerpo.
De todos modos, no quiero perder la esperanza, quiero tomar esto como una prueba en vez de considerar que es un castigo. Es la única forma de dar sentido a una vida que no puedo entregarte, a una existencia que me apuñala si no estás conmigo. Así, mientras mi cuerpo se desafina, mi alma entona el réquiem de un sueño que no viví contigo, invitando a un poeta loco a escribir el guión de nuestra historia, una elegía que hará llorar al cielo cuando logre encontrarte a mi lado, cuando nos tiñamos de primavera, cuando seamos un sólo cuerpo en el que se fusionen las mitades que crecieron por separado.
Siempre serás un motivo para no rendirse: El espectáculo debe continuar.
Te querré hasta que se cierre el telón de nuestra existencia.
Flautista.
Desde hace varias noches el viento me grita que mi alma es tuya, que por ti nacen las canciones, que a ti vuelan mis versos y que en ti se encuentra el perfume de los sentimientos que nunca alcanzaron mi cuerpo vacío, un cuerpo inerte que ama sin ser correspondido.
Así, como una marioneta de mis pasiones, me doy cuenta de que mi mundo conspira para regalarte su luz cada mañana, para que el viento acaricie tu rostro mientras yo muero de celos al saber que no seré quien seque tus lágrimas, que no descubriré a qué sabe una vida contigo.
Por ese motivo mi alma llora desgarrada, porque cada lágrima que derrama nace de un beso que no te di mientras mis latidos cuentan las noches que no pude regalarte, los días que estoy condenado a vivir sin tenerte. Y yo, escondido bajo la armadura de mi sonrisa, me rompo por dentro en un mundo que deja de tener sentido si no lo disfruto contigo, un mundo en el que las canciones se convierten en ruido si tú no las escuchas, en el que muero perdido al no poder encontrarme en los rincones de tu cuerpo.
De todos modos, no quiero perder la esperanza, quiero tomar esto como una prueba en vez de considerar que es un castigo. Es la única forma de dar sentido a una vida que no puedo entregarte, a una existencia que me apuñala si no estás conmigo. Así, mientras mi cuerpo se desafina, mi alma entona el réquiem de un sueño que no viví contigo, invitando a un poeta loco a escribir el guión de nuestra historia, una elegía que hará llorar al cielo cuando logre encontrarte a mi lado, cuando nos tiñamos de primavera, cuando seamos un sólo cuerpo en el que se fusionen las mitades que crecieron por separado.
Siempre serás un motivo para no rendirse: El espectáculo debe continuar.
Te querré hasta que se cierre el telón de nuestra existencia.
Flautista.
domingo, 18 de agosto de 2013
Carta de disculpa
Si algo duele de mi pasado es saber que no estarás en mi futuro.
El sol sigue girando, los días siguen viniendo para desafiarnos, para recordar todo aquello que no tenemos y alimentarse del sufrimiento que produce tu ausencia. Son muchos los corazones rotos que se resignan a una vida infeliz, a una vida a media luz en la que el alma llore en silencio, pero hace tiempo que me cansé del vino de las ilusiones, de soñar un futuro que murió antes de nacer.
Por eso escribo esta carta, porque me niego a ser el juguete roto que nunca logró impresionarte, porque no es justo darte mi vida si ya estoy muerto en cada verso que te escribo, porque el espacio y el tiempo sólo son soldados que intentan desafiar a este sentimiento que anidó en mi corazón para florecer como el secreto que siempre deseé contarte.
Nunca te diste cuenta, pero siempre fuiste el fuego que jugó a iluminar mis días de lluvia, la nieve del beso que no me diste, del deshielo desafinado que nunca llegó a nosotros, pues jamás llegamos a encontrarnos y acabamos llorando un invierno disfrazado de infierno para nosotros.
Sin embargo, aunque sé que es tarde, mi corazón cobarde sigue gritando por todo lo que no supo entregarte, por el reino que mereces y no tuve el valor de construir para ti, por ser la única estrella del cielo capaz de alumbrar mis noches y por haber sido el sol que, sin darse cuenta, logró alumbrar el camino de mis días.
Y ahora, paradójicamente, lloro por lo que nunca he tenido, por el valor que no llegó para regalarte el cielo, por las canciones que no te hice, por los besos que no vinieron, y lloro por ser un cobarde que se conformó con ser tu amigo porque tenía miedo de que huyeras lejos.
Por tanto, me despido pidiéndote disculpas, pues siento todo el amor que nunca llegué a mostrarte, todos los momentos que quise regalarte y se ahogaron en el tintero de los sueños. De ahí cojo las fuerzas para escribirte esta carta, para pedir perdón por una vida de ensueño en la que desperté sin atreverme a vivirla contigo.
Siempre serás un motivo para envidiar al cielo que te cobija.
Te querré mientras viva, te querré hasta morir queriendo.
Flautista.
El sol sigue girando, los días siguen viniendo para desafiarnos, para recordar todo aquello que no tenemos y alimentarse del sufrimiento que produce tu ausencia. Son muchos los corazones rotos que se resignan a una vida infeliz, a una vida a media luz en la que el alma llore en silencio, pero hace tiempo que me cansé del vino de las ilusiones, de soñar un futuro que murió antes de nacer.
Por eso escribo esta carta, porque me niego a ser el juguete roto que nunca logró impresionarte, porque no es justo darte mi vida si ya estoy muerto en cada verso que te escribo, porque el espacio y el tiempo sólo son soldados que intentan desafiar a este sentimiento que anidó en mi corazón para florecer como el secreto que siempre deseé contarte.
Nunca te diste cuenta, pero siempre fuiste el fuego que jugó a iluminar mis días de lluvia, la nieve del beso que no me diste, del deshielo desafinado que nunca llegó a nosotros, pues jamás llegamos a encontrarnos y acabamos llorando un invierno disfrazado de infierno para nosotros.
Sin embargo, aunque sé que es tarde, mi corazón cobarde sigue gritando por todo lo que no supo entregarte, por el reino que mereces y no tuve el valor de construir para ti, por ser la única estrella del cielo capaz de alumbrar mis noches y por haber sido el sol que, sin darse cuenta, logró alumbrar el camino de mis días.
Y ahora, paradójicamente, lloro por lo que nunca he tenido, por el valor que no llegó para regalarte el cielo, por las canciones que no te hice, por los besos que no vinieron, y lloro por ser un cobarde que se conformó con ser tu amigo porque tenía miedo de que huyeras lejos.
Por tanto, me despido pidiéndote disculpas, pues siento todo el amor que nunca llegué a mostrarte, todos los momentos que quise regalarte y se ahogaron en el tintero de los sueños. De ahí cojo las fuerzas para escribirte esta carta, para pedir perdón por una vida de ensueño en la que desperté sin atreverme a vivirla contigo.
Siempre serás un motivo para envidiar al cielo que te cobija.
Te querré mientras viva, te querré hasta morir queriendo.
Flautista.
lunes, 12 de agosto de 2013
Resistencia
Ha pasado mucho tiempo
desde que pude sentir
que yo a ti te pertenezco,
que yo respiro por ti.
Nunca tuve tu perfume,
nunca te pude alcanzar.
Esa fue la gran condena
que aún hoy debo pagar.
Mas no puedo retenerte,
sé que no eres para mí.
Créeme si te digo "Duele".
Si no estás quiero morir.
Sé que yo debo ser fuerte,
arriesgarme con valor
para tentar a la suerte y
teñir amistad de amor.
Yo no pierdo la esperanza,
yo no la quiero perder.
Si la muerte a mí me alcanza
en otra vida buscaré
formas de darte mi alma,
cómo a tu lado volver,
regalarte cada mañana
sol de un nuevo amanecer,
poner en tus pies la Luna
y las estrellas también.
Mi alma siempre ha sido tuya,
si sonríes, sonreiré;
déjame estar a tu lado:
sólo así feliz seré.
<<Sé que resistiré el tormento de no tenerte. No importa el daño que haga tu ausencia, pues todo merecerá la pena si algún día logro encontrarte.>>
Te querré hasta que logre entregarte mi vida.
Flautista.
desde que pude sentir
que yo a ti te pertenezco,
que yo respiro por ti.
Nunca tuve tu perfume,
nunca te pude alcanzar.
Esa fue la gran condena
que aún hoy debo pagar.
Mas no puedo retenerte,
sé que no eres para mí.
Créeme si te digo "Duele".
Si no estás quiero morir.
Sé que yo debo ser fuerte,
arriesgarme con valor
para tentar a la suerte y
teñir amistad de amor.
Yo no pierdo la esperanza,
yo no la quiero perder.
Si la muerte a mí me alcanza
en otra vida buscaré
formas de darte mi alma,
cómo a tu lado volver,
regalarte cada mañana
sol de un nuevo amanecer,
poner en tus pies la Luna
y las estrellas también.
Mi alma siempre ha sido tuya,
si sonríes, sonreiré;
déjame estar a tu lado:
sólo así feliz seré.
<<Sé que resistiré el tormento de no tenerte. No importa el daño que haga tu ausencia, pues todo merecerá la pena si algún día logro encontrarte.>>
Te querré hasta que logre entregarte mi vida.
Flautista.
martes, 6 de agosto de 2013
En tierra de nadie...
No lloraré esta noche
batallas que están perdidas,
no podré llorarlas siendo
soldado que no luchó
por mantenerte a mi lado,
por que viéramos el sol.
Me entregué a un deseo cobarde,
a un amor que no nació.
Debí decirte que mi arte
florece versos contigo
y en tus besos muero yo.
Y ahora, en tierra de nadie,
lloro lo que no te di,
lo que quise regalarte,
y nunca pudo salir.
Lamentando la condena
de vivir sin verte aquí,
quise asesinar al tiempo
que contigo yo no compartí,
pero mi alma estaba presa
en la cárcel de vivir
con un amor que duele y pesa,
que no voló de ti hasta mí.
Mas de nada ya me sirve
lamentar mi rendición,
borracho de tu ausencia
soy cobarde, un traidor,
que no tuvo la decencia
de decirte sin pudor
que, por ti, mi vida es plena,
que, sin ti, nunca soy yo
alguien que valga la pena,
alguien que viva un amor
correspondido, que me premia
con sentir siempre tu calor,
y ahora mi vida está muerta:
se rompió el cielo con tu adiós.
Pero en el fin de mi alma rota
te deseo que seas feliz.
Fuiste mi luna, mi gran estrella,
y ahora en mi mundo es de noche,
pues ya no te tengo aquí.
Y ahora, en tierra de nadie,
lloro lo que no te di,
lo que quise regalarte
y nunca pudo salir.
Siempre serás un motivo para querer cambiar el pasado.
Te querré aunque no me atreva a decirlo.
Flautista.
sábado, 3 de agosto de 2013
La visita del tiempo...
Esta noche vino el Tiempo para reírse de los segundos que se me clavan al no tenerte, para recordarme que lloro tu ausencia mientras la lluvia me deja seco, que el fuego no me quema, pues nada siento si no estás conmigo, y que sólo soy arena, pues sin ti viví con un corazón marchito.
Esta noche vino el Tiempo para decirme que mi existencia se ha desafinado, que no sirve vivir si no puedo regalarte mis latidos, si mi vida me condena a echarte de menos desde antes de que vengas, a morir en vida dentro de un mundo que jamás podrás iluminarme, a caminar bajo la oscuridad de un amor no correspondido.
Esta noche vino el Tiempo para borrarme el camino hasta tu pelo, para decirme que no habrá luces esperándome en tu portal, que no encontraré forma de abandonar esta pesadilla y despertar en ti cada mañana, pues naciste entre mis sueños, pero nunca volaste para crear una realidad conmigo.
Esta noche vino el Tiempo para cantarme un réquiem infinito, el réquiem de un corazón que muere por no perderse entre tus dedos, por no hacer música con tu cuerpo, por teñirse de gris siendo víctima del tormento, por asesinar un sentimiento antes de que haya nacido.
Esta noche vino el Tiempo para bailar por los desamparados, por los que vivimos con corazones rotos, por los que nos resignamos a una amistad que nos mantiene agonizantes, por los que preferimos ser llamados "amigo" antes de ser abandonados bajo un sentimiento que no escogimos, bajo un amor que no pedimos y que se convirtió en víctima y verdugo de las pasiones que nos mantienen vivos.
Esta noche vino el Tiempo para pedirme que me rinda, pero le dije que siempre te estaré esperando.
Siempre fuiste un motivo para desafiar al Tiempo.
Te querré hasta que se pare el mundo.
Flautista.
jueves, 1 de agosto de 2013
No hay colores...
No hay colores para plasmar los sentimientos de un corazón que sufre, un corazón congelado en el invierno, un corazón que desafinado sigue latiendo, pero nunca estuvo vivo, pues por ti murió hace tiempo.
No hay colores para teñir los pedazos de un alma rota, de un tímido deseo que nunca compartí contigo, de las señales que te mandé y que nunca recibiste, pues mi falsa sonrisa ocultaba la lluvia y el fuego que arrasan mi cuerpo triste.
No hay colores para reducir la distancia que nos separa, los kilómetros que oscurecen el mundo cuando no te veo, haciendo que cada día sin ti sea un día de lluvia mientras yo muero de sed soñando que algún día miramos el mismo cielo, soñando que estás conmigo, aunque al despertar veo que nunca has venido.
No hay colores para desafiar al tiempo, para hacerle ver que te sigo esperando, para hacerte ver que no me importa nada, mientras suplico al viento que me muestre el camino para llegar a ti, pues todo camino es corto cuando te conviertes en el mejor de los destinos.
No hay colores que me hagan olvidarte, que logren destruir los sentimientos que me dañan, que curen a los poetas de su locura, que hagan alegres a las canciones de nuestra historia, que permitan que nuestro futuro juntos no sea transparente, incierto, inexistente.
No hay colores que me hagan feliz en este mundo, y tú has llegado como el mayor de los arcoiris.
Siempre serás un motivo para dar color a mi vida.
Flautista.
No hay colores para teñir los pedazos de un alma rota, de un tímido deseo que nunca compartí contigo, de las señales que te mandé y que nunca recibiste, pues mi falsa sonrisa ocultaba la lluvia y el fuego que arrasan mi cuerpo triste.
No hay colores para reducir la distancia que nos separa, los kilómetros que oscurecen el mundo cuando no te veo, haciendo que cada día sin ti sea un día de lluvia mientras yo muero de sed soñando que algún día miramos el mismo cielo, soñando que estás conmigo, aunque al despertar veo que nunca has venido.
No hay colores para desafiar al tiempo, para hacerle ver que te sigo esperando, para hacerte ver que no me importa nada, mientras suplico al viento que me muestre el camino para llegar a ti, pues todo camino es corto cuando te conviertes en el mejor de los destinos.
No hay colores que me hagan olvidarte, que logren destruir los sentimientos que me dañan, que curen a los poetas de su locura, que hagan alegres a las canciones de nuestra historia, que permitan que nuestro futuro juntos no sea transparente, incierto, inexistente.
No hay colores que me hagan feliz en este mundo, y tú has llegado como el mayor de los arcoiris.
Siempre serás un motivo para dar color a mi vida.
Flautista.
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Ícaro
Cuanto más cerca del Sol logro volar, mayor es el impacto de mi caída. Puede que sea mi osadía la que tenga que lamentar mientras me ha...