Inadmisible,
como el niño que no acepta
quiénes son los Reyes Magos,
como aquel primer amor
que aún puede sonrojarnos,
como la película de moda
que no dirás que no te gusta.
Inconfesable,
como el secreto que creemos
que llevaremos a la tumba,
como el sueño que nos eleva
y a la vez nos derrumba,
haciéndonos querer huir
y a la vez querer quedarnos.
Así me hacen sentir, como una marioneta
que sólo sabe tropezar y perderse en las aceras.
He cometido más de mil errores,
creí que a mí me daba la vuelta el mundo
pero de noche se secaron las flores
y bajo el sol vuelvo a ser un vagabundo
que busca un sitio para pasar la noche
junto a unos labios que me hagan Demiurgo,
creador y rey en la corte de bufones
donde despierto de mi sueño profundo.
Inadmisibles fueron mis errores
e inconfesable la carga que me dieron.
Flautista
lunes, 27 de febrero de 2017
martes, 21 de febrero de 2017
Romance de ojos negros
Me capturaron sus ojos
oscuros como inviernos.
Yo no pude hacer nada,
salvo rendirme a lo eterno
de su oscura mirada,
de azabache el tormento
que sacude mi alma
en el espacio y el tiempo,
que mi aliento empaña
robando mis dulces sueños.
No hay piedad para quien mira
a esos nocturnos luceros
que iluminan a quien camina
escapando del Cerbero
con el alma malherida,
con el espíritu yerto
ante una vida vacía
donde no verán de nuevo
esa belleza escondida.
Por eso, hoy los poetas
lloran y mueren de celos
imaginando a quién miran
tus dos negros universos
devolviéndole la vida
a quien es visto por ellos.
Por eso, hoy las leyendas
hablan de orbes no tan bellos
como tu mirada al alba,
como tú eclipsando a un cielo
donde los dioses ya no mandan
y Zeus brama su lamento
si no encuentra tu mirada.
Y en el invierno del mundo
yo te escribo negros versos
contando que tuve suerte
cuando me crucé con ellos.
Cuando miraste mi cara
diste luz al firmamento
y nació en mí una llama
de unos ojos que conservo
bien grabados en mi alma.
Me capturaron sus ojos,
y aún amo sus ojos negros.
Siempre serás un motivo
para escribir romances a tu mirada.
Flautista.
oscuros como inviernos.
Yo no pude hacer nada,
salvo rendirme a lo eterno
de su oscura mirada,
de azabache el tormento
que sacude mi alma
en el espacio y el tiempo,
que mi aliento empaña
robando mis dulces sueños.
No hay piedad para quien mira
a esos nocturnos luceros
que iluminan a quien camina
escapando del Cerbero
con el alma malherida,
con el espíritu yerto
ante una vida vacía
donde no verán de nuevo
esa belleza escondida.
Por eso, hoy los poetas
lloran y mueren de celos
imaginando a quién miran
tus dos negros universos
devolviéndole la vida
a quien es visto por ellos.
Por eso, hoy las leyendas
hablan de orbes no tan bellos
como tu mirada al alba,
como tú eclipsando a un cielo
donde los dioses ya no mandan
y Zeus brama su lamento
si no encuentra tu mirada.
Y en el invierno del mundo
yo te escribo negros versos
contando que tuve suerte
cuando me crucé con ellos.
Cuando miraste mi cara
diste luz al firmamento
y nació en mí una llama
de unos ojos que conservo
bien grabados en mi alma.
Me capturaron sus ojos,
y aún amo sus ojos negros.
Siempre serás un motivo
para escribir romances a tu mirada.
Flautista.
lunes, 20 de febrero de 2017
Nombre
Hace poco volví a escuchar tu nombre
y fue como caer de un rascacielos.
De repente recordé lo que significaban esas letras,
las ganas de encontrarte por la mañana en el pasillo
y que por las noches me abras espacio en un colchón
que nos volviese a refugiar de la tormenta.
Volví a recordar el sonido de tus manos
mientras las mías se volvían más frías.
Intenté avanzar, superar murallas,
y me encontré escalando una montaña de imposibles.
Aún así, he aprendido que la realidad varía
según el lado del espejo desde el que se mire
y supongo que ya es demasiado tarde
para algo que antes de nacer perdió la vida.
Pero no puedo negar que de vez en cuando dueles,
que no hay punzada más aguda que tu ausencia,
que en el invierno te sigo buscando con paciencia
aunque me encuentre en un mundo al que tú no vuelves.
Y créeme, quisiera tirar al mar
todo lo que nunca pasó entre nosotros,
así como aquello que, al cerrar los ojos,
bombardea mi mente una vez más.
Supongo que eso es crecer, aprender a vivir con cicatrices,
asumir que no somos recíprocos para otra gente,
descubrir que nuestros fracasos no son diferentes
y que los sentimientos nos destruyen y nos llenan de matices.
Por eso aún sufro al cerrar la puerta,
porque no quiero guillotinar lo que podría haber sido,
pero no puedo esperar más si aún no has venido
y deseo que estés detrás cada vez que me doy la vuelta.
Hace poco volví a escuchar tu nombre
y mis ojos respondieron con un baño de lágrimas.
Siempre serás un motivo para imaginar lo que pudo pasar.
Flautista.
y fue como caer de un rascacielos.
De repente recordé lo que significaban esas letras,
las ganas de encontrarte por la mañana en el pasillo
y que por las noches me abras espacio en un colchón
que nos volviese a refugiar de la tormenta.
Volví a recordar el sonido de tus manos
mientras las mías se volvían más frías.
Intenté avanzar, superar murallas,
y me encontré escalando una montaña de imposibles.
Aún así, he aprendido que la realidad varía
según el lado del espejo desde el que se mire
y supongo que ya es demasiado tarde
para algo que antes de nacer perdió la vida.
Pero no puedo negar que de vez en cuando dueles,
que no hay punzada más aguda que tu ausencia,
que en el invierno te sigo buscando con paciencia
aunque me encuentre en un mundo al que tú no vuelves.
Y créeme, quisiera tirar al mar
todo lo que nunca pasó entre nosotros,
así como aquello que, al cerrar los ojos,
bombardea mi mente una vez más.
Supongo que eso es crecer, aprender a vivir con cicatrices,
asumir que no somos recíprocos para otra gente,
descubrir que nuestros fracasos no son diferentes
y que los sentimientos nos destruyen y nos llenan de matices.
Por eso aún sufro al cerrar la puerta,
porque no quiero guillotinar lo que podría haber sido,
pero no puedo esperar más si aún no has venido
y deseo que estés detrás cada vez que me doy la vuelta.
Hace poco volví a escuchar tu nombre
y mis ojos respondieron con un baño de lágrimas.
Siempre serás un motivo para imaginar lo que pudo pasar.
Flautista.
domingo, 12 de febrero de 2017
Frío
Y ahora, en mitad del invierno,
me doy cuenta de que siempre fuimos frío.
Cobardes,
valientes corredores que huyen de una realidad dolorosa,
como esa liebre que no acepta que gane la tortuga
a pesar de confiarse ante una vida que no controla.
Fuimos como Romeo y Julieta
si no se hubieran declarado amor eterno.
Fuimos uno sin llegar a ser completos,
como una palabra a la que no das todas las letras.
Sin embargo, no quisimos culparnos,
porque era más fácil culpar al destino,
sin darnos cuenta que el destino es como una cuerda
que usamos como excusa para ahorcarnos.
Y ahora, en nuestra propia misa de requiem,
nos dedicamos ausencias que nunca quisimos.
Fingimos estar bien y que no nos molesta
mientras recogemos pedazos que como migas de pan perdimos.
Pero nadie puede salvarnos
por negarnos a admitir nuestro peligro.
"Son cosas que pasan" nos mentimos
y sonreímos por fuera mientras por dentro lloramos.
De este modo, seguimos caminando,
igual que Pinocho cuando quería creer que era un niño,
pero aparentamos que no nos importa
mientras cada día nuestro espíritu se va helando.
Por eso, no podemos culpar al invierno
de los errores que hoy cometimos.
No nos afecta el invierno,
pues antes de él nosotros ya fuimos frío.
me doy cuenta de que siempre fuimos frío.
Cobardes,
valientes corredores que huyen de una realidad dolorosa,
como esa liebre que no acepta que gane la tortuga
a pesar de confiarse ante una vida que no controla.
Fuimos como Romeo y Julieta
si no se hubieran declarado amor eterno.
Fuimos uno sin llegar a ser completos,
como una palabra a la que no das todas las letras.
Sin embargo, no quisimos culparnos,
porque era más fácil culpar al destino,
sin darnos cuenta que el destino es como una cuerda
que usamos como excusa para ahorcarnos.
Y ahora, en nuestra propia misa de requiem,
nos dedicamos ausencias que nunca quisimos.
Fingimos estar bien y que no nos molesta
mientras recogemos pedazos que como migas de pan perdimos.
Pero nadie puede salvarnos
por negarnos a admitir nuestro peligro.
"Son cosas que pasan" nos mentimos
y sonreímos por fuera mientras por dentro lloramos.
De este modo, seguimos caminando,
igual que Pinocho cuando quería creer que era un niño,
pero aparentamos que no nos importa
mientras cada día nuestro espíritu se va helando.
Por eso, no podemos culpar al invierno
de los errores que hoy cometimos.
No nos afecta el invierno,
pues antes de él nosotros ya fuimos frío.
miércoles, 1 de febrero de 2017
Cuaderno
Cuando nadie estaba mirando
volvió a escribir en su cuaderno.
Nunca le había dolido tanto
clavar sus ojos en papel muerto
mientras le temblaban las manos,
pues tenía mucho que contar
aunque nadie quisiera verlo.
Por eso, a escondidas, bajo las sábanas
escribía letras que gritaba al cielo
para que, al despertar por la mañana,
le dieran de lleno aquellos labios
que imaginaba en su ventana.
Aquel mar de tinta escondía sus deseos
como una confesión que le haría arder en la pira,
como una procesión que nadie observaría,
pues siempre el mayor dolor se maquilla con gran silencio.
Y las máscaras de orgullo serían las portadas del cuaderno,
dándole a entender al mundo que dentro no esconde nada,
que no ha vuelto a llorar por aquello que extrañaba
y que no ha vuelto a arrepentirse de escribir aquellos versos.
Cuando nadie estaba mirando
volvió a escribir en su cuaderno
y nadie se atrevió a leer
lo que su alma sangraba.
volvió a escribir en su cuaderno.
Nunca le había dolido tanto
clavar sus ojos en papel muerto
mientras le temblaban las manos,
pues tenía mucho que contar
aunque nadie quisiera verlo.
Por eso, a escondidas, bajo las sábanas
escribía letras que gritaba al cielo
para que, al despertar por la mañana,
le dieran de lleno aquellos labios
que imaginaba en su ventana.
Aquel mar de tinta escondía sus deseos
como una confesión que le haría arder en la pira,
como una procesión que nadie observaría,
pues siempre el mayor dolor se maquilla con gran silencio.
Y las máscaras de orgullo serían las portadas del cuaderno,
dándole a entender al mundo que dentro no esconde nada,
que no ha vuelto a llorar por aquello que extrañaba
y que no ha vuelto a arrepentirse de escribir aquellos versos.
Cuando nadie estaba mirando
volvió a escribir en su cuaderno
y nadie se atrevió a leer
lo que su alma sangraba.
martes, 24 de enero de 2017
Beat's
Una vez más le tocó volver a casa andando porque sus despistes le habían pasado factura. Concretamente le pasarían la factura de la grúa, que se había vuelto a llevar su coche por aparcarlo donde no debía, pero llevaba poco tiempo en la ciudad y aún no conocía bien las zonas de aparcamiento.
De hecho, aún consideraba que la ciudad le quedaba grande, que era como una camiseta usada por otra persona que no logras que se adapte a tu cuerpo. Te tapa, sí, pero no te ofrece las comodidades que esperas porque sientes que no está hecha para ti, aunque te la pones si no tienes otra cosas.
Hacía algo de frío para ser verano, y eso animaba a caminar deprisa por calles que aún le resultaban desconocidas. La luz de las farolas parecía no querer ser su acompañante, y con la tenue timidez de una bombilla sin fuerza parecía vivir una batalla por no apagarse definitivamente bajo el cielo estrellado.
Sólo escuchaba el ruido de sus zapatos. Primero un pie y luego el otro, como había hecho toda su vida, como habían esperado que hiciera durante toda su vida. Querían que caminase, que diera los pasos que todo el mundo esperaba, pero nadie se había parado a preguntarle si esos pasos le permitirían avanzar en la dirección deseada.
Fue entonces cuando sus pasos fueron detenidos por un extraño acorde. Parecía el sonido de un piano, pero no sonaba cerca. Se percibía como si una pared lo amortiguase, como un animal que gruñe escondido en su madriguera. Pero después de ese acorde llegó otro, y otro más. Entraban en sus oídos pegando un portazo, llamando su atención y acelerando sus latidos, preludiando en su cerebro la orden de salir corriendo hacia su epicentro, hacia el origen que los producía.
Fue así como descubrió el Beat's, un rótulo de neón rojo que se mostraba sobre una pared de pintura negra. No tenía adornos, y el neón estaba medio roto. Sin embargo, al otro lado de la pared seguían sonando acordes, como si un animal enjaulado pelease por escapar a ritmo de jazz. La música era tan oscura como la pared que la protegía, y su llamada era tan fuerte que ya no tenía escapatoria.
En ese momento agarró la pesada puerta de hierro del club y se abrió paso bajo unas tenues luces rojas. La entrada, con forma de pasillo, arrastraba a los visitantes a un pasillo con unas escaleras que bajaba a un sótano, como si el corazón de la ciudad fuera el origen de esos sonidos.
Y fue al bajar las escaleras cuando se hizo la magia.
Allí, en un oscuro escenario situado junto a una barra, un piano de cola dominaba la sala con una progresión de acordes sobre las que una melodía se escapaba peleando por seguir viva. Unas manos galopaban sobre el teclado con escalas modales, con improvisaciones prohibidas y con una falta de verguenza que hacía que se sintiese obsceno todo aquel que las escuchaba.
Fue en ese momento cuando comprendió que su alma ya no era la misma, que algo había muerto escuchando a ese piano en el que unos dedos tomaban el control de unas teclas de forma tan pícara y seductora que sonrojaban a los oyentes.
Por eso, sabiendo que lo único que podía hacer era rendirse, se acercó a la barra, pidió un whisky on the rocks y se sentó a escuchar.
Sabía que llevaba poco tiempo en la ciudad, pero ya sabía que nunca más saldría de allí.
De hecho, aún consideraba que la ciudad le quedaba grande, que era como una camiseta usada por otra persona que no logras que se adapte a tu cuerpo. Te tapa, sí, pero no te ofrece las comodidades que esperas porque sientes que no está hecha para ti, aunque te la pones si no tienes otra cosas.
Hacía algo de frío para ser verano, y eso animaba a caminar deprisa por calles que aún le resultaban desconocidas. La luz de las farolas parecía no querer ser su acompañante, y con la tenue timidez de una bombilla sin fuerza parecía vivir una batalla por no apagarse definitivamente bajo el cielo estrellado.
Sólo escuchaba el ruido de sus zapatos. Primero un pie y luego el otro, como había hecho toda su vida, como habían esperado que hiciera durante toda su vida. Querían que caminase, que diera los pasos que todo el mundo esperaba, pero nadie se había parado a preguntarle si esos pasos le permitirían avanzar en la dirección deseada.
Fue entonces cuando sus pasos fueron detenidos por un extraño acorde. Parecía el sonido de un piano, pero no sonaba cerca. Se percibía como si una pared lo amortiguase, como un animal que gruñe escondido en su madriguera. Pero después de ese acorde llegó otro, y otro más. Entraban en sus oídos pegando un portazo, llamando su atención y acelerando sus latidos, preludiando en su cerebro la orden de salir corriendo hacia su epicentro, hacia el origen que los producía.
Fue así como descubrió el Beat's, un rótulo de neón rojo que se mostraba sobre una pared de pintura negra. No tenía adornos, y el neón estaba medio roto. Sin embargo, al otro lado de la pared seguían sonando acordes, como si un animal enjaulado pelease por escapar a ritmo de jazz. La música era tan oscura como la pared que la protegía, y su llamada era tan fuerte que ya no tenía escapatoria.
En ese momento agarró la pesada puerta de hierro del club y se abrió paso bajo unas tenues luces rojas. La entrada, con forma de pasillo, arrastraba a los visitantes a un pasillo con unas escaleras que bajaba a un sótano, como si el corazón de la ciudad fuera el origen de esos sonidos.
Y fue al bajar las escaleras cuando se hizo la magia.
Allí, en un oscuro escenario situado junto a una barra, un piano de cola dominaba la sala con una progresión de acordes sobre las que una melodía se escapaba peleando por seguir viva. Unas manos galopaban sobre el teclado con escalas modales, con improvisaciones prohibidas y con una falta de verguenza que hacía que se sintiese obsceno todo aquel que las escuchaba.
Fue en ese momento cuando comprendió que su alma ya no era la misma, que algo había muerto escuchando a ese piano en el que unos dedos tomaban el control de unas teclas de forma tan pícara y seductora que sonrojaban a los oyentes.
Por eso, sabiendo que lo único que podía hacer era rendirse, se acercó a la barra, pidió un whisky on the rocks y se sentó a escuchar.
Sabía que llevaba poco tiempo en la ciudad, pero ya sabía que nunca más saldría de allí.
domingo, 25 de diciembre de 2016
Algún día.
Algún día escucharé tu voz
pidiéndome que me quede un rato más en tu cama
mientras los rayos de sol y el olor a café
nos traigan el aroma de una vida compartida.
Algún día seremos supervivientes
sobre el colchón y bajo las sábanas,
acorazados ante un mundo que se destruye poco a poco
mientras nos hacemos inmortales cada noche.
Algún día no tendré que buscarte
porque tú me habrás encontrado.
Sólo en ese momento habré despertado
y hasta entonces vivo para volver a soñarte.
Pero mientras llega ese día vivo incompleto,
imaginando el momento de poder conocerte,
pensando si para ti podré ser suficiente
o si me devorarán las dudas mientras lo intento.
Algún día hablarán de nosotros
en esas canciones que en la radio se escuchan,
dejaré de llorar cuando me escondo en la ducha
y volveré a respirar sin buscarte en mil rostros.
Algún día llegará la primavera,
pasará el invierno y lograrás alcanzarme
para hacerme feliz y traer de levante
felicidad y tu cuerpo bañados de sal y arena.
Algún día las lágrimas no brotarán de mi rostro,
ni el miedo a las dudas o perderme en el vacío.
Algún día me harás triunfar, me lo he prometido
y me ayudarás a convertir mi "yo" en nuestro "nosotros".
Siempre serás un motivo para querer que pasen los días.
Flautista.
pidiéndome que me quede un rato más en tu cama
mientras los rayos de sol y el olor a café
nos traigan el aroma de una vida compartida.
Algún día seremos supervivientes
sobre el colchón y bajo las sábanas,
acorazados ante un mundo que se destruye poco a poco
mientras nos hacemos inmortales cada noche.
Algún día no tendré que buscarte
porque tú me habrás encontrado.
Sólo en ese momento habré despertado
y hasta entonces vivo para volver a soñarte.
Pero mientras llega ese día vivo incompleto,
imaginando el momento de poder conocerte,
pensando si para ti podré ser suficiente
o si me devorarán las dudas mientras lo intento.
Algún día hablarán de nosotros
en esas canciones que en la radio se escuchan,
dejaré de llorar cuando me escondo en la ducha
y volveré a respirar sin buscarte en mil rostros.
Algún día llegará la primavera,
pasará el invierno y lograrás alcanzarme
para hacerme feliz y traer de levante
felicidad y tu cuerpo bañados de sal y arena.
Algún día las lágrimas no brotarán de mi rostro,
ni el miedo a las dudas o perderme en el vacío.
Algún día me harás triunfar, me lo he prometido
y me ayudarás a convertir mi "yo" en nuestro "nosotros".
Siempre serás un motivo para querer que pasen los días.
Flautista.
jueves, 22 de diciembre de 2016
Mirar de lejos
¿Y si nunca logro encontrarte?
Si algo he aprendido de las personas
es que algunas son dignas de ser contempladas
mientras que otros sólo podemos mirar de lejos,
como una danza macabra en la que nadie disfruta
o un cuadro que sin ti pierde el mejor de sus colores.
Por desgracia, nadie elige su destino,
aunque siempre podamos pelearlo.
Por eso, confieso que me siento como el gato
al que envidiaron por tener siete vidas
y que por ti quiso morir ocho veces.
Pero es difícil hablar de sentimientos,
de realidades que no se conocen,
como una broma que nadie comprende
y que todos se empeñan en explicarte
con falsos consuelos que en el aire se mueren.
Por eso, vuelvo a buscarte en mi desgracia
pero no logro romper el muro que te mantiene lejos.
No sé dónde encontrarte ni si lo acabaré consiguiendo
pero por ti remuevo el mundo que sujeta el gigante Atlas.
¿Saldré de mi Edén sin probar tu manzana?
¿Diluviará mi cuerpo arropado por el tuyo?
Quiero que seas espina, sangre, llanto y llama
pero sólo tengo ceniza, pues en vez de tenerte te intuyo
mientras vuelve a morirse de frío el espacio que hay en mi cama.
Aún así, sólo quiero que sepas
que durante varios meses me estás manteniendo vivo,
que encendiste una vela en mi invierno más frío
y perderé mi último aliento si el cielo encontrarte me deja.
Siempre serás un motivo para salir a buscarte de nuevo.
Flautista.
Si algo he aprendido de las personas
es que algunas son dignas de ser contempladas
mientras que otros sólo podemos mirar de lejos,
como una danza macabra en la que nadie disfruta
o un cuadro que sin ti pierde el mejor de sus colores.
Por desgracia, nadie elige su destino,
aunque siempre podamos pelearlo.
Por eso, confieso que me siento como el gato
al que envidiaron por tener siete vidas
y que por ti quiso morir ocho veces.
Pero es difícil hablar de sentimientos,
de realidades que no se conocen,
como una broma que nadie comprende
y que todos se empeñan en explicarte
con falsos consuelos que en el aire se mueren.
Por eso, vuelvo a buscarte en mi desgracia
pero no logro romper el muro que te mantiene lejos.
No sé dónde encontrarte ni si lo acabaré consiguiendo
pero por ti remuevo el mundo que sujeta el gigante Atlas.
¿Saldré de mi Edén sin probar tu manzana?
¿Diluviará mi cuerpo arropado por el tuyo?
Quiero que seas espina, sangre, llanto y llama
pero sólo tengo ceniza, pues en vez de tenerte te intuyo
mientras vuelve a morirse de frío el espacio que hay en mi cama.
Aún así, sólo quiero que sepas
que durante varios meses me estás manteniendo vivo,
que encendiste una vela en mi invierno más frío
y perderé mi último aliento si el cielo encontrarte me deja.
Siempre serás un motivo para salir a buscarte de nuevo.
Flautista.
martes, 20 de diciembre de 2016
Soñar
A veces sueño con apagar la luz
y que mis manos te busquen a oscuras.
Sueño con huir de un día de lluvia,
con que me desgarres con tus dedos,
sueño con secar mi alma en tus huesos
y salvarme de mi penumbra.
Sueño con el espíritu que crece
cuando escucha tu voz por las noches,
sueño con el rastro felino que esconde
un alma que por ti se desvanece.
Pero no todo es soñar si no estás cuando despierto,
y salgo a la calle a buscarte entre la gente.
Madrid me dice al oído que ojalá algún día te encuentre,
y el viento de levante te esconde entre hormigón muerto.
Aún así sueño con dar contigo,
como la víctima sueña con verdugos que no condenen,
como el preso sueña ser libre sin barrotes que le retienen
y también sueña con riquezas el pobre y solitario mendigo.
Por eso, entre sueños, despierto para soñarte
mientras me lamento cada día porque sin ti me hallo perdido.
No tiene sentido vivir si no puedo encontrarte,
no quiero una vida sin ti si muero por soñar contigo.
Siempre serás un motivo para volver a soñarte.
Flautista.
y que mis manos te busquen a oscuras.
Sueño con huir de un día de lluvia,
con que me desgarres con tus dedos,
sueño con secar mi alma en tus huesos
y salvarme de mi penumbra.
Sueño con el espíritu que crece
cuando escucha tu voz por las noches,
sueño con el rastro felino que esconde
un alma que por ti se desvanece.
Pero no todo es soñar si no estás cuando despierto,
y salgo a la calle a buscarte entre la gente.
Madrid me dice al oído que ojalá algún día te encuentre,
y el viento de levante te esconde entre hormigón muerto.
Aún así sueño con dar contigo,
como la víctima sueña con verdugos que no condenen,
como el preso sueña ser libre sin barrotes que le retienen
y también sueña con riquezas el pobre y solitario mendigo.
Por eso, entre sueños, despierto para soñarte
mientras me lamento cada día porque sin ti me hallo perdido.
No tiene sentido vivir si no puedo encontrarte,
no quiero una vida sin ti si muero por soñar contigo.
Siempre serás un motivo para volver a soñarte.
Flautista.
lunes, 19 de diciembre de 2016
Promesas
Prometo ir a cada noche buscarte si te pierdo
sin que descubras que te busco en mi dolor.
Prometo estar, prometo que no me iré lejos
si tú amaneces a mi lado del colchón.
Prometo derrotar cien mil molinos
para encontrarte dentro de mi habitación,
prometo, si me dejas, ir contigo
a donde el mundo nos brinde
café para los dos..
Prometo caminar por conocerte,
por mil caminos, mares, ríos y el mismo sol.
Prometo hoy buscar tu voz entre la gente
que en silencio me grites cuando solo te vea yo.
Mas no prometo ser para ti suficiente,
pero lo intento, por ti quiero ser mejor.
También prometo abrir mi cuerpo, alma y mente
si tú te quedas y yo pierdo la razón.
Y no prometo ser capaz de controlarme
si un día te encuentro y pierdo la respiración.
Te pintaré en un susurro disfrazado
de mil matices escritos en tu dirección.
Y yo prometo seguir haciendo lo posible
para que des conmigo y no perderme bajo el sol.
Protégeme, sin ti estoy solo y derrotado
en un juego sin reglas donde siempre pierdo yo.
Siempre serás un motivo para hacerte mil promesas.
Flautista.
sin que descubras que te busco en mi dolor.
Prometo estar, prometo que no me iré lejos
si tú amaneces a mi lado del colchón.
Prometo derrotar cien mil molinos
para encontrarte dentro de mi habitación,
prometo, si me dejas, ir contigo
a donde el mundo nos brinde
café para los dos..
Prometo caminar por conocerte,
por mil caminos, mares, ríos y el mismo sol.
Prometo hoy buscar tu voz entre la gente
que en silencio me grites cuando solo te vea yo.
Mas no prometo ser para ti suficiente,
pero lo intento, por ti quiero ser mejor.
También prometo abrir mi cuerpo, alma y mente
si tú te quedas y yo pierdo la razón.
Y no prometo ser capaz de controlarme
si un día te encuentro y pierdo la respiración.
Te pintaré en un susurro disfrazado
de mil matices escritos en tu dirección.
Y yo prometo seguir haciendo lo posible
para que des conmigo y no perderme bajo el sol.
Protégeme, sin ti estoy solo y derrotado
en un juego sin reglas donde siempre pierdo yo.
Siempre serás un motivo para hacerte mil promesas.
Flautista.
miércoles, 14 de diciembre de 2016
Velas
Lo que no escribo parece que olvido,
lo que no digo finjo que no siento.
Tal vez si lo escondo no será algo vivo.
Tal vez, fingiendo ser feliz, no demuestre estar muerto.
Camino entre aguas gélidas aparentando dirigir mi rumbo,
pero no salgo a flote, no emerjo y tampoco me quiebro,
aparento navegar sin naufragar moribundo,
sin que nadie me pregunte cuándo llegaré a buen puerto.
Pero no olvido que la mar espera a los valientes,
que no ofrece caminos fáciles sino viajes de aventureros,
que volver a Ítaca es difícil, como bien me contó Homero,
y por eso sonrío a una vida que enfrento con uñas y dientes.
Aún así, como cualquier soldado,
llega un momento en el quiero abandonar batallas,
porque no puedo vivir si estoy siempre peleando,
pero no puedo morir mientras aún conserve agallas.
Y puede que por eso siga caminando perdido,
navegando sin rumbo y con velas sin viento.
Tal vez necesite parar y recuperar el aliento,
para poder enfrentarme a lo que aún no he vivido.
Siempre serás un motivo para izar las velas.
Flautista.
lo que no digo finjo que no siento.
Tal vez si lo escondo no será algo vivo.
Tal vez, fingiendo ser feliz, no demuestre estar muerto.
Camino entre aguas gélidas aparentando dirigir mi rumbo,
pero no salgo a flote, no emerjo y tampoco me quiebro,
aparento navegar sin naufragar moribundo,
sin que nadie me pregunte cuándo llegaré a buen puerto.
Pero no olvido que la mar espera a los valientes,
que no ofrece caminos fáciles sino viajes de aventureros,
que volver a Ítaca es difícil, como bien me contó Homero,
y por eso sonrío a una vida que enfrento con uñas y dientes.
Aún así, como cualquier soldado,
llega un momento en el quiero abandonar batallas,
porque no puedo vivir si estoy siempre peleando,
pero no puedo morir mientras aún conserve agallas.
Y puede que por eso siga caminando perdido,
navegando sin rumbo y con velas sin viento.
Tal vez necesite parar y recuperar el aliento,
para poder enfrentarme a lo que aún no he vivido.
Siempre serás un motivo para izar las velas.
Flautista.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Ícaro
Cuanto más cerca del Sol logro volar, mayor es el impacto de mi caída. Puede que sea mi osadía la que tenga que lamentar mientras me ha...