¿Y si me he olvidado de ti?
No lo recuerdo, lo siento.
Me he levantado con resaca,
me he pasado con las lágrimas
y ahora estoy buscando una cerveza
en el bar de las nuevas oportunidades.
Puede que sea como esas ratas perdidas
que se huyen de la flauta y sus encantos,
que se pierden por Madrid y no hablan tanto
mientras buscan lo nuevo de sus calles vacías.
Puede que sea mentira, o puede que ya no sea.
No sé quién soy ni quien podría ser contigo,
pero ahora me da igual, o eso es lo que me digo
mientras no me escucha nadie y voy donde no me lean.
Ahora florezco en otros rostros,
en caras llenas de luz que me alejen de tu vino amargo,
pero no pude beber de ti, el mundo rompió nuestra botella
antes de sacar de la bodega las cartas que hoy desangro.
Por eso, abstemio de tu alma sigo escribiendo,
porque sin ti no supe andar y creo que estoy volando.
Tal vez he encontrado alas lejos de donde perdí el aliento.
Pero puede que todo sea un espejismo,
que no sea yo, que no esté contento.
que mi realidad se congele en el Ártico,
o que muriese ardiendo bajo el reloj del centro.
De todos modos, ¿qué es morir?
No deja de latir un corazón yerto,
solo busca escapar, arrancar y funcionar nuevo
mientras observa que se ahoga el sol lejos del hielo.
Cemento, hormigón y cristales
enterraron aquello por lo que luché tanto,
lo que jamás admití, lo que despierto viví soñando
y sin paredes ni tejados despego con saltos mortales.
Irónica la existencia, la necesidad de vida,
las ansias de crear lazos que no son correspondidos:
cuando quise vivir en ti me desahuciaste maldito
y ahora busco refugio donde nadie me perciba.
De todos modos, te doy las gracias,
pues tu lapidario silencio me despertó del letargo.
Abandoné mis sueños dulces en un mundo de paladar amargo
donde creer que puedo ser feliz fue la mayor de mis desgracias.
Por eso, ahora, con la flor y sal de mi vida
busco primaveras que acaben con mi deshielo.
Aliento en la luz, alma de titiritero
para que mi última noche en la tierra sea mi mayor consuelo.
Gracias por enseñarme que debo acompañar un "te quiero" con un "lo siento".
Flautista.
miércoles, 21 de septiembre de 2016
viernes, 22 de julio de 2016
Voces
Se me ha olvidado tu voz.
No recuerdo la última vez
que preguntaste cómo estaba,
ni recuerdo la última vez
que estuviste cuando hice preguntas.
Por eso, ahora me guardo las dudas,
porque me he convertido en un interrogante vacío,
en una playa virgen a la que nadie accede,
y me escondo en una vida de dientes de sable.
Se me ha olvidado tu voz
y tu rostro cada vez vibra
con menos fuerza en mi mente.
Pero nadie pregunta cómo estoy
ni qué me parece esta ausencia de fuego y espinas.
Nadie pregunta y yo no contesto,
sello mis labios con cien noches rotas.
Y ahora, cuando el silencio suena golpeado contra mi cara
soy consciente de que nunca te diré adiós del todo.
Una parte de mí sigue contigo, no se marcha,
como la sombra de Peter Pan en la habitación de Wendy,
como el deseo de crecer contigo o quedarme pequeño para siempre.
Por eso, en silencio, soy incapaz de dar la cara,
porque no sé si gano o pierdo, vivo muerto en un empate
y aún así sé que en cualquier momento puedo derrumbarme
en cuanto escuche tu voz, en cuanto me vuelva a faltar el aire.
Siempre serás un motivo para callar voces en mi recuerdo.
Flautista.
No recuerdo la última vez
que preguntaste cómo estaba,
ni recuerdo la última vez
que estuviste cuando hice preguntas.
Por eso, ahora me guardo las dudas,
porque me he convertido en un interrogante vacío,
en una playa virgen a la que nadie accede,
y me escondo en una vida de dientes de sable.
Se me ha olvidado tu voz
y tu rostro cada vez vibra
con menos fuerza en mi mente.
Pero nadie pregunta cómo estoy
ni qué me parece esta ausencia de fuego y espinas.
Nadie pregunta y yo no contesto,
sello mis labios con cien noches rotas.
Y ahora, cuando el silencio suena golpeado contra mi cara
soy consciente de que nunca te diré adiós del todo.
Una parte de mí sigue contigo, no se marcha,
como la sombra de Peter Pan en la habitación de Wendy,
como el deseo de crecer contigo o quedarme pequeño para siempre.
Por eso, en silencio, soy incapaz de dar la cara,
porque no sé si gano o pierdo, vivo muerto en un empate
y aún así sé que en cualquier momento puedo derrumbarme
en cuanto escuche tu voz, en cuanto me vuelva a faltar el aire.
Siempre serás un motivo para callar voces en mi recuerdo.
Flautista.
jueves, 7 de julio de 2016
Si alguna vez me lees
Si alguna vez me lees
quiero que sepas que hice todo lo posible,
que me esforcé por ser mejor para ti
y evitar el abismo que crece entre nosotros.
Si alguna vez me lees
quiero que sepas que sigo pensando
en todo aquello que pude regalarte
antes de que mi infierno borrase tu rostro.
Pero no estoy seguro de que vayas a leerme.
Si nunca leíste mis ojos no creo que atiendas a mis palabras,
porque lo más importante es lo que siento y no pronuncio,
eso que nos aterra y nos destruye a partes iguales.
Y claro, si no me lees
será más fácil enterrarme en tu olvido,
fingir que esto no ha pasado,
que no es real, que nunca he existido.
Aún así, si alguna vez me lees
quiero que sepas que reviviría cada segundo,
cada momento compartido cuando nadie nos miraba,
cuando brotaba una mirada en la que me hacías comprender todo.
Si alguna vez me lees
vaciaré ante ti los bolsillos de mi conciencia,
demostraré que el amor entiende de paciencia
y que no habrá un invierno que congele lo que atesoro.
Pero tengo claro que no vas a leerme,
que no podré empezar la historia que quise escribir contigo,
que ya no podré cantar, que en mi silencio me he perdido,
que ya no existe primavera para beber vino sin estar solo.
Por eso, aunque no vayas a leerme
aún mantengo vivo lo que hoy crece en silencio,
porque no lo escogimos y a mí me quema por dentro
pero si no se apaga la llama dejaré crecer al fuego.
Por tanto, si alguna vez me lees
espero que no olvides que por ti soy mejor persona,
que aunque entre nosotros haya espinas sigo buscando la rosa
y de todo mi jardín serás mi mayor tesoro.
Siempre serás un motivo para desear que me leas.
Flautista.
quiero que sepas que hice todo lo posible,
que me esforcé por ser mejor para ti
y evitar el abismo que crece entre nosotros.
Si alguna vez me lees
quiero que sepas que sigo pensando
en todo aquello que pude regalarte
antes de que mi infierno borrase tu rostro.
Pero no estoy seguro de que vayas a leerme.
Si nunca leíste mis ojos no creo que atiendas a mis palabras,
porque lo más importante es lo que siento y no pronuncio,
eso que nos aterra y nos destruye a partes iguales.
Y claro, si no me lees
será más fácil enterrarme en tu olvido,
fingir que esto no ha pasado,
que no es real, que nunca he existido.
Aún así, si alguna vez me lees
quiero que sepas que reviviría cada segundo,
cada momento compartido cuando nadie nos miraba,
cuando brotaba una mirada en la que me hacías comprender todo.
Si alguna vez me lees
vaciaré ante ti los bolsillos de mi conciencia,
demostraré que el amor entiende de paciencia
y que no habrá un invierno que congele lo que atesoro.
Pero tengo claro que no vas a leerme,
que no podré empezar la historia que quise escribir contigo,
que ya no podré cantar, que en mi silencio me he perdido,
que ya no existe primavera para beber vino sin estar solo.
Por eso, aunque no vayas a leerme
aún mantengo vivo lo que hoy crece en silencio,
porque no lo escogimos y a mí me quema por dentro
pero si no se apaga la llama dejaré crecer al fuego.
Por tanto, si alguna vez me lees
espero que no olvides que por ti soy mejor persona,
que aunque entre nosotros haya espinas sigo buscando la rosa
y de todo mi jardín serás mi mayor tesoro.
Siempre serás un motivo para desear que me leas.
Flautista.
martes, 10 de mayo de 2016
Fantasma
Ante el dolor de una flor que nació muerta
arrojé sal al jardín de mi vida.
Olvidé las caras de quienes fueron mi primavera,
arrojé al fuego las playas que llenamos de recuerdos
y no escuché las advertencias de aquellos que me dijeron
que no somos eternos y podemos morir sin dejar huella.
Volé alto y perdí los hilos,
perdí el juicio y también la partida
y ahora me escondo como un niño
fingiendo ser fuerte y llorando a escondidas.
Una parte de mí ahora florece maldita.
Ya ha pasado mucho tiempo desde que me lo dijeron:
«Te escondes bajo la capa, y el resto podrá verlo.
Pronto descubrirán la maldad que en ti habita.»
Sin embargo, entre ceniza y espinas
late un corazón que realmente no es de hielo,
como un metrónomo inútil recuerda lo que fue un buen tiempo
y ahora mide segundos de una vida que está vacía.
Por eso, vengo a gritar donde nadie me escucha
que a pesar de mis errores sentí un aprecio sincero,
que me pude equivocar y cada día lo lamento,
pero la justicia del tiempo a diario me decapita.
Pero nadie me oye, y llega el invierno.
El frío me roba el poco calor de mi vida.
Ya no hay luz, sopla el viento
y me atormenta un mundo que se me ha caído encima.
Por eso, escondido y a oscuras
voy lamiendo mis heridas como un animal perdido
mientras celebro el recuerdo de lo que logré haber vivido
aunque cayera en el olvido y en mí solo quede amargura.
Y ahora, como un fantasma
convivo con alguien que se apodera de mi cuerpo.
No soy yo, aún lo recuerdo,
pero no logro encontrarme en esta burda trampa.
Y ahora, como un fantasma
espero que sepáis lo que quise ofreceros.
Si hubierais seguido cerca os hubiera dado el cielo,
y ahora, entre mis dedos
gotea mi vida, se me escapa.
Siempre habrá un motivo para recordar qué es sentirse vivo.
Fantasma.
arrojé sal al jardín de mi vida.
Olvidé las caras de quienes fueron mi primavera,
arrojé al fuego las playas que llenamos de recuerdos
y no escuché las advertencias de aquellos que me dijeron
que no somos eternos y podemos morir sin dejar huella.
Volé alto y perdí los hilos,
perdí el juicio y también la partida
y ahora me escondo como un niño
fingiendo ser fuerte y llorando a escondidas.
Una parte de mí ahora florece maldita.
Ya ha pasado mucho tiempo desde que me lo dijeron:
«Te escondes bajo la capa, y el resto podrá verlo.
Pronto descubrirán la maldad que en ti habita.»
Sin embargo, entre ceniza y espinas
late un corazón que realmente no es de hielo,
como un metrónomo inútil recuerda lo que fue un buen tiempo
y ahora mide segundos de una vida que está vacía.
Por eso, vengo a gritar donde nadie me escucha
que a pesar de mis errores sentí un aprecio sincero,
que me pude equivocar y cada día lo lamento,
pero la justicia del tiempo a diario me decapita.
Pero nadie me oye, y llega el invierno.
El frío me roba el poco calor de mi vida.
Ya no hay luz, sopla el viento
y me atormenta un mundo que se me ha caído encima.
Por eso, escondido y a oscuras
voy lamiendo mis heridas como un animal perdido
mientras celebro el recuerdo de lo que logré haber vivido
aunque cayera en el olvido y en mí solo quede amargura.
Y ahora, como un fantasma
convivo con alguien que se apodera de mi cuerpo.
No soy yo, aún lo recuerdo,
pero no logro encontrarme en esta burda trampa.
Y ahora, como un fantasma
espero que sepáis lo que quise ofreceros.
Si hubierais seguido cerca os hubiera dado el cielo,
y ahora, entre mis dedos
gotea mi vida, se me escapa.
Siempre habrá un motivo para recordar qué es sentirse vivo.
Fantasma.
lunes, 2 de mayo de 2016
Olvidado
Hoy no quiero hablar de ti
ni quiero hablar de mí,
pero sin quererlo
de nuevo me perdí
por un bosque de teclas
pensando en un destino
que sé que nunca llega.
Hoy no quiero hablar de ti
ni quiero hablar de mí.
Por eso mantengo este silencio
ruidoso como el frío
de mi cama vacía.
Glaciares, atmósferas de hielo.
No hay manta, ni gritos, ni cuerpos.
No hay nadie.
No estás y yo estoy muerto.
Hoy no quiero hablar de ti
ni quiero hablar de mí.
Hoy el ascensor me está quedando grande
como un pantalón viejo
mientras subo al infierno
fingiendo buenos días.
Hoy no quiero hablar de ti
ni quiero hablar de mí.
Recuerdo que en un tiempo
los dos fuimos jardín
y volamos eternos
perdidos noche y día.
Helados, hoy nos movemos muertos.
No somos piedra, solo máscaras de hielo
y no hay nadie que no vea que lo lamento.
Hoy no quiero hablar de ti
ni quiero hablar de mí.
pero hace tiempo que perdí
por ti mi ultimo aliento,
por eso hoy no te escribo,
por eso aún lo siento.
Hoy no quiero hablar de ti
ni quiero hablar de mí.
Hoy ya no merezco
mi corona de espinas.
Mi cuerpo siente dentro
el dolor que ya no grita.
Olvidado, soy piedra en este cuento.
No hay nadie que escuche este tormento,
no hay nadie, y oculto lo mantengo.
No hay nadie, y muero en mi silencio.
ni quiero hablar de mí,
pero sin quererlo
de nuevo me perdí
por un bosque de teclas
pensando en un destino
que sé que nunca llega.
Hoy no quiero hablar de ti
ni quiero hablar de mí.
Por eso mantengo este silencio
ruidoso como el frío
de mi cama vacía.
Glaciares, atmósferas de hielo.
No hay manta, ni gritos, ni cuerpos.
No hay nadie.
No estás y yo estoy muerto.
Hoy no quiero hablar de ti
ni quiero hablar de mí.
Hoy el ascensor me está quedando grande
como un pantalón viejo
mientras subo al infierno
fingiendo buenos días.
Hoy no quiero hablar de ti
ni quiero hablar de mí.
Recuerdo que en un tiempo
los dos fuimos jardín
y volamos eternos
perdidos noche y día.
Helados, hoy nos movemos muertos.
No somos piedra, solo máscaras de hielo
y no hay nadie que no vea que lo lamento.
Hoy no quiero hablar de ti
ni quiero hablar de mí.
pero hace tiempo que perdí
por ti mi ultimo aliento,
por eso hoy no te escribo,
por eso aún lo siento.
Hoy no quiero hablar de ti
ni quiero hablar de mí.
Hoy ya no merezco
mi corona de espinas.
Mi cuerpo siente dentro
el dolor que ya no grita.
Olvidado, soy piedra en este cuento.
No hay nadie que escuche este tormento,
no hay nadie, y oculto lo mantengo.
No hay nadie, y muero en mi silencio.
domingo, 17 de abril de 2016
Vuelta a casa
Trabajar los domingos era algo que no le gustaba, y puede que ese fuera el motivo por el que el día se le había hecho tan largo. Menos mal que ya había terminado su jornada, aunque el chubasco que le esperaba al salir del edificio le recordaba que había llegado un otoño al que no tenía demasiado cariño.
De camino al autobús decidió escuchar algo de música, y su teléfono le regaló unos nocturnos para piano que le hicieron escapar de la jungla de bocinas que le rodeaban. Era la delicadeza de Chopin la que le hacía encontrar algo de calidez en el invierno, y por eso siguió caminando con pasos en do sostenido menor.
Casi sin darse cuenta subió al autobús con pasos mecánicos, como un autómata renacentista que se mueve generando la ilusión de estar vivo. El traqueteo del vehículo le recordaba la inestabilidad imperante en su existencia. Como un náufrago buscaba algún punto de apoyo, y siempre que creía haberlo encontrado llegaba una curva que le robaba sus ilusiones. Aún así, no debía caerse, pues esto le recordaría que siempre se puede estar peor.
La lluvia volvió a arroparle al abandonar el bus, y decidió acompañarle durante unos minutos en los que bañaba los jardines del vecindario. Estos jardines, bajo la lluvia, parecían disfrutar de una naturaleza que les comprendía, y siempre pensó que esa sensación es la que conectaba todo, la comprensión de un vínculo que acabaría floreciendo como la mejor de las primaveras.
En la tienda de la esquina compró una botella de vino tinto y comenzó a pensar en la película que vería antes de dormir. Siempre le gustó el cine para evadir la realidad, para olvidar los golpes que el mundo le ofrecía y sentir que, por un momento, podría protagonizar esa historia que nunca se atrevió a vivir. Sin embargo, no contó con que la realidad siempre lleva ventaja, con que el destino mueve ficha primero y, tras colocar la llave en la cerradura, comenzó a girar la muñeca sin contar con que el día aún le daría otra bofetada.
Había llegado a casa pero una vez más allí no le esperaba nadie.
jueves, 31 de marzo de 2016
Carta al miedo
Nunca me definí como un valiente, pero tampoco deseé este daño.
Nunca quise que pasara esto, que llegase a este punto de no retorno en el que resulta imposible dar media vuelta.
Nunca quise este dolor. No quise sentir cómo me desgarraba por dentro, cómo me marchitaba y me perdía mientras buscaba el norte, mientras anhelaba el brillo de una estrella polar que llevaba tiempo apagada. Nunca quise ser mi propio desastre natural, ni deseé pasar por esto, pero hay cosas que no decidimos.
Nunca busqué este destrozo, generar este abismo irreparable que me hiciera olvidar mi esencia o lo que realmente la forma. Nunca quise vivir en esta caverna, pero no existe un mundo en el que tengan cabida las ideas más oscuras de mi pensamiento.
Sin embargo, a veces la vida da volteretas y nos obliga a interpretar papeles inesperados, a ser marionetas de un retorcido Demiurgo que nos obliga a confundir las dos caras que tiene la moneda de nuestra existencia. Puede que fuera este mismo titiritero el que me haya condenado, el que me hiciera destruir casas igual que destruyeron la mía, el que me arrancase entrañas como el peor de los cuervos y me hiciese devolver las lanzas que me clavaron sin hacer que me pregunte por qué las recibía.
Y ahora, sabiendo que es tarde, no busco perdón. No busco salvarme, pues comprendo que mis actos fueron movidos por los hilos del miedo a lo que nunca admito.
Fue ese mismo miedo el que provocó la destrucción de lo que más quería, el que logró engañarme para atacar igual que un animal acorralado. Fue él quien me acechó agazapado en el rincón más profundo de mi ser y me hizo disfrazarme de víctima para vendarme los ojos y no dejarme comprobar que estaba haciendo el trabajo de mil verdugos.
Tal vez él sea el culpable de que me marche, tal vez todo se resuma en el miedo a lo que hoy descubro, el miedo a mi verdadera naturaleza.
Fdo: Dr. Jekyll.
viernes, 25 de marzo de 2016
Recuerdos
¿Recuerdas todo lo que no vivimos?
Pudimos ser eternos, inmortales,
volar tan alto que pusiéramos caliente al sol
y eclipsarnos cada noche
bajo un baile de sábanas sin máscaras que nos descubran.
¿Recuerdas lo que no dijimos?
Yo aún me trago mis palabras
imaginando qué te diría cada mañana
después de noches tormentosas
en las que nuestros cuerpos hablan sin tener que decirnos nada.
¿Recuerdas lo que no probamos?
Murieron todos los cafés que no compartimos,
dejamos de preparar cenas de sofá y manta los domingos
y nos marchitamos en un eterno lunes donde nos vimos como extraños.
Aún así, nos seguimos recordando
o puede que sólo yo recuerde lo que no hemos vivido.
Tal vez no recuerde, tal vez sólo esté soñando,
pero no quiero despertar si no puedo despertar contigo.
Siempre serás un motivo para mantenerte en mi recuerdo.
Flautista.
Pudimos ser eternos, inmortales,
volar tan alto que pusiéramos caliente al sol
y eclipsarnos cada noche
bajo un baile de sábanas sin máscaras que nos descubran.
¿Recuerdas lo que no dijimos?
Yo aún me trago mis palabras
imaginando qué te diría cada mañana
después de noches tormentosas
en las que nuestros cuerpos hablan sin tener que decirnos nada.
¿Recuerdas lo que no probamos?
Murieron todos los cafés que no compartimos,
dejamos de preparar cenas de sofá y manta los domingos
y nos marchitamos en un eterno lunes donde nos vimos como extraños.
Aún así, nos seguimos recordando
o puede que sólo yo recuerde lo que no hemos vivido.
Tal vez no recuerde, tal vez sólo esté soñando,
pero no quiero despertar si no puedo despertar contigo.
Siempre serás un motivo para mantenerte en mi recuerdo.
Flautista.
domingo, 20 de marzo de 2016
Hamlet
Somos lo que no podemos decir,
la mirada que disimulamos,
el disimulo al fingir sonreír
y ocultar que por dentro lloramos.
Somos la ausencia que duele y nos quema,
la distancia a la que maldecimos,
somos lo que ahora ya nunca decimos,
somos lo que callamos y aún así nos condena.
Somos el sueño que a nadie contamos,
el deseo que en silencio encerrado mantenemos.
Somos aquello que siempre sabremos
aunque nunca haya nadie a quien se lo admitamos.
Por eso seguimos adelante, malviviendo,
con emociones que cojean por lo que no expresamos,
porque no podemos elegir lo que experimentamos
pero nadie tiene culpa de lo que estamos sufriendo.
Por eso, seguimos adelante callados,
porque nadie pude ayudarnos con lo que estamos sintiendo,
porque no elegimos el camino, pero aun así caminaremos
buscando un futuro en el que nos sintamos calmados.
Somos esa identidad que no mostramos,
somos lo que no somos, y no sé si nunca lo seremos.
«Lo que llevo yo dentro no se expresa. Lo demás es ropaje de la pena.»
(William Shakespeare, "Hamlet")
la mirada que disimulamos,
el disimulo al fingir sonreír
y ocultar que por dentro lloramos.
Somos la ausencia que duele y nos quema,
la distancia a la que maldecimos,
somos lo que ahora ya nunca decimos,
somos lo que callamos y aún así nos condena.
Somos el sueño que a nadie contamos,
el deseo que en silencio encerrado mantenemos.
Somos aquello que siempre sabremos
aunque nunca haya nadie a quien se lo admitamos.
Por eso seguimos adelante, malviviendo,
con emociones que cojean por lo que no expresamos,
porque no podemos elegir lo que experimentamos
pero nadie tiene culpa de lo que estamos sufriendo.
Por eso, seguimos adelante callados,
porque nadie pude ayudarnos con lo que estamos sintiendo,
porque no elegimos el camino, pero aun así caminaremos
buscando un futuro en el que nos sintamos calmados.
Somos esa identidad que no mostramos,
somos lo que no somos, y no sé si nunca lo seremos.
«Lo que llevo yo dentro no se expresa. Lo demás es ropaje de la pena.»
(William Shakespeare, "Hamlet")
lunes, 7 de marzo de 2016
Carta injusta
No es justo que extrañe lo que yo mismo abandoné.
No es justo creer que puedo actuar sin consecuencias, viajar hacia atrás en el tiempo y borrarlo todo como si nada hubiera pasado, como si pudiera permitirme volver a abrir cicatrices, jugar a que tengo derecho a olvidar mis errores y querer hacer que los olvides cuando me doy cuenta de mis fallos.
Por eso escribo esta carta, para que contarte lo que no debes leer.
Porque la vida no es justa.
La vida no es justa y tengo que aprender a vivir con ello, con las injusticias que sufro y con las que cometo. Toca vivir con rocas atadas a los tobillos, con la sensación de que estallamos en mil pedazos, y aunque nos sentaran en la misma mesa nos separarían un millón de universos.
Y ahora es cuando tendría miles de ruegos si preguntas, cuando recuerdo que el invierno era menos frío hace un año, cuando construíamos hogares al lado de un piano mientras hablábamos de aquella playa en la que caminamos como dos extraños.
Pero no, la vida no es justa.
La vida no es justa y nos ha distanciado. Bajo un manto de perspectivas nos miramos con lentes de espejos rotos, distantes y erizados como dos gatos que se encuentran en un tejado de Lavapiés, como miramos a un sombrero que no nos pertenece desde el otro lado de un escaparate, olvidando que me hiciste grande, que me enseñaste cosas de mí que yo desconocía, y que aprendí a valorar un mundo en el que sabía que estabas cerca.
Pero nuestros mundos cambiaron, estallando en supernovas que nos arrojaron a diferentes agujeros negros. Sin embargo, yo no noté la diferencia, pues desde que te marchaste mi mundo ya estaba flotando en el vacío.
Por eso, ahora que no me lees, confieso que lamento lo que hemos perdido. Lamento que nos hayamos perdido y, aunque sé que no es justo, como un idiota te sigo echando de menos.
Siempre serás un motivo para sufrir por las injusticias.
Flautista.
No es justo creer que puedo actuar sin consecuencias, viajar hacia atrás en el tiempo y borrarlo todo como si nada hubiera pasado, como si pudiera permitirme volver a abrir cicatrices, jugar a que tengo derecho a olvidar mis errores y querer hacer que los olvides cuando me doy cuenta de mis fallos.
Por eso escribo esta carta, para que contarte lo que no debes leer.
Porque la vida no es justa.
La vida no es justa y tengo que aprender a vivir con ello, con las injusticias que sufro y con las que cometo. Toca vivir con rocas atadas a los tobillos, con la sensación de que estallamos en mil pedazos, y aunque nos sentaran en la misma mesa nos separarían un millón de universos.
Y ahora es cuando tendría miles de ruegos si preguntas, cuando recuerdo que el invierno era menos frío hace un año, cuando construíamos hogares al lado de un piano mientras hablábamos de aquella playa en la que caminamos como dos extraños.
Pero no, la vida no es justa.
La vida no es justa y nos ha distanciado. Bajo un manto de perspectivas nos miramos con lentes de espejos rotos, distantes y erizados como dos gatos que se encuentran en un tejado de Lavapiés, como miramos a un sombrero que no nos pertenece desde el otro lado de un escaparate, olvidando que me hiciste grande, que me enseñaste cosas de mí que yo desconocía, y que aprendí a valorar un mundo en el que sabía que estabas cerca.
Pero nuestros mundos cambiaron, estallando en supernovas que nos arrojaron a diferentes agujeros negros. Sin embargo, yo no noté la diferencia, pues desde que te marchaste mi mundo ya estaba flotando en el vacío.
Por eso, ahora que no me lees, confieso que lamento lo que hemos perdido. Lamento que nos hayamos perdido y, aunque sé que no es justo, como un idiota te sigo echando de menos.
Siempre serás un motivo para sufrir por las injusticias.
Flautista.
martes, 1 de marzo de 2016
Poemas
Seguiré haciendo poemas
aunque hoy hacia ti no volarán mis palabras,
hoy ya no vuelan, sólo se expresan
buscando significado, perdidas, vacías y planas.
Seguiré haciendo poemas
porque llorar en verso me recuerda estar vivo,
porque el drama entre letras muere perdido y cautivo
y la vida me sonríe liberándome de condenas.
Seguiré haciendo poemas
por todas las cosas buenas que aún no hemos vivido,
porque debemos seguir volando, buscar libres nuestro destino
aunque yo salga de casa dejándote la puerta abierta.
Seguiré haciendo poemas,
como llevo años haciendo, sintiendo, cayendo y volando,
porque gracias a estos versos puedo seguir avanzando.
Ellos me hacen ser feliz, me hacen desteñir las penas.
Seguiré haciendo poemas,
sobre todo ahora que alegres hemos jugado nuestras cartas,
sobre todo ahora que la primavera está derritiendo escarcha
y el hielo se hace río bajo la luna llena.
Aún así soy feliz, en mí no vive la pena.
Buscaré en mil rostros la sonrisa que has creado en el mío,
sonreiré al verte volar, en mí tendrás un amigo
y yo, mientras tanto, seguiré haciendo poemas.
aunque hoy hacia ti no volarán mis palabras,
hoy ya no vuelan, sólo se expresan
buscando significado, perdidas, vacías y planas.
Seguiré haciendo poemas
porque llorar en verso me recuerda estar vivo,
porque el drama entre letras muere perdido y cautivo
y la vida me sonríe liberándome de condenas.
Seguiré haciendo poemas
por todas las cosas buenas que aún no hemos vivido,
porque debemos seguir volando, buscar libres nuestro destino
aunque yo salga de casa dejándote la puerta abierta.
Seguiré haciendo poemas,
como llevo años haciendo, sintiendo, cayendo y volando,
porque gracias a estos versos puedo seguir avanzando.
Ellos me hacen ser feliz, me hacen desteñir las penas.
Seguiré haciendo poemas,
sobre todo ahora que alegres hemos jugado nuestras cartas,
sobre todo ahora que la primavera está derritiendo escarcha
y el hielo se hace río bajo la luna llena.
Aún así soy feliz, en mí no vive la pena.
Buscaré en mil rostros la sonrisa que has creado en el mío,
sonreiré al verte volar, en mí tendrás un amigo
y yo, mientras tanto, seguiré haciendo poemas.
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Ícaro
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